jueves, 15 de septiembre de 2016

Tiempo al tiempo, las tormentas pasan.

Cuando pasan las tormentas, a veces uno puede mirar atrás y sonreír, "de qué desastre me salvé" -pensar- y volver a sonreír.

Sin entender mucho las razones por las que se vio uno envuelto en ellas, "pruebas de la vida" les llaman algunos, esos ensayos que se hacen para esa cosa llamada vida a veces cuesta superarlos más de lo que uno quisiera.

Ahora en calma puedo sonreír, estoy nadando en dopamina, como si me hubiera tomado unas dosis exageradas -lo mismo que hago diariamente con el café-. Miro hacia atrás algunos meses, algunos días incluso y siento un fresquito enorme porque se que me libré de una catástrofe monumental.

Temps al temps, uno no le tiene mucha fe al paso del tiempo, pero qué verraco tan sanador, eso pues si uno es capaz de dejar de hacer, repetir y repetir lo que le hace daño, sino no se hace nada.

Alejarse es bueno, necesario incluso. Alejarse y dejar que el tiempo haga lo suyo.

No hay comentarios: