viernes, 8 de enero de 2016

Saber qué se quiere es tan importante como saber qué no se quiere.


Quiero libertad, un amor que camine a mi lado, que crezca confiando y sea sincero sobre el miedo.
Quiero saber que hay alguien que se siente feliz de compartir sus días a mi lado, que "brille" ante nuestra presencia.
No quiero mediocridad, no quiero andar frenando sentimientos ni amarrando mi forma de ser y actuar porque a la otra persona no le va bien que yo sea conquistadora.
No se trata de prometer amor eterno, pero si se trata de disfrutar hasta con las vísceras.
Hacer lo que nace sin restricciones por lo que el otro pueda pensar, eso es lo que quiero.
Quiero verdades, quiero plenitud.
No quiero poseer ni ser poseída, quiero que el corazón salte de alegría al admirar la forma de vivir, de pensar, de ser de la otra persona, y que pa' acá sea igual.
Quiero equipo, quiero fluir como el agua.
No quiero cárcel, no quiero engaños.
Ya estoy muy grande para ser engañada, para meterme en una relación en la que no se pueda ser libre porque hay que seguir un libreto. Eso no lo quiero.
Cada uno da lo que le nace. A mí me nace dar mucho, me encantaría reciprocidad, no que todo dependa de mí.


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