domingo, 6 de diciembre de 2015

Sin miedo a esto o a lo que esto haga…

Vos podés estar a mi lado o vos te podés ir en el momento que querás.  No tenés -ni tendrás- obligación alguna conmigo, ¿sabés?
A estas alturas creo que ya te pudiste dar cuenta que yo no soy común y corriente, que conmigo las cosas no son como suelen ser, conmigo prima la libertad y hasta la honestidad brutal.

Si yo te extraño te lo hago saber, si te quiero besar también, si te quiero halagar también. Todo eso te lo hago saber, porque de lo contrario no podrías darte cuenta, ya te lo he dicho.
Por el contrario, para decir las cosas que no me gustan me demoro, porque primero me tomo tiempo en digerir si vale o no la pena mencionarlas, finalmente, yo no llegué a tu vida a modificarte ni a joderte.

No existe un compromiso conmigo a no ser que sea explícito, es decir, te podés enredar con quien te provoque y yo no diré nada. Podés salir con quien querás y yo no diré nada. Lo único que podría pedir ahí sería sinceridad. Si en algún momento te dan ganas de hacer esto exclusivo, de no meterte con nadie más que conmigo y viceversa, lo hablamos y lo resolvemos. ¿Si no? no pasa nada. No sos una posesión mía, tampoco soy yo una posesión tuya. No tengo derecho a amarrarte, a prohibirte, a nada. Por supuesto, vos tampoco.

No espero que te comportés de alguna forma, no espero que hagás ciertas cosas o que dejés de hacer otras. De vos tomo lo que des y lo disfruto. Sin películas, sin ilusiones y sin pensar en nada más que en disfrutar lo que das. A no ser que des mierda, ante lo cual para allá te vas.
No esperés por lo tanto que yo me comporte de ciertas maneras, que haga lo que hacen las demás personas o lo que han hecho las personas con quienes has salido. Me rehuso a ser un cliché, a ser predecible. En eso no hay arte, en eso no hay sorpresa, en eso hay predeterminación aburrida y monótona.

La vida se trata de fluir. Si, fluir como el agua. Rodear los obstáculos y lo que aparezca, buscar el camino y construirlo. Sin reglas preestablecidas, sin títulos ni imposiciones sociales. Detesto los títulos y las etiquetas sociales.

A mi me hace feliz compartir momentos con vos, pero recordá siempre que antes de que vos llegaras yo ya era feliz y que si te vas, lo seguiré siendo. Por lo tanto, vos y yo compartimos, nos aumentamos la felicidad, no nos la quitamos. Una de nuestras primeras conversaciones fue sobre eso, vos también eras feliz antes de mi llegada y yo no podría cambiar eso. Si yo te hago feliz, magnífico. Si yo no te hago feliz, prefiero irme. La vida no es para algo diferente a ser feliz.

Yo te doy gracias por las sonrisas, por la ternura, por los orgasmos, por tu rareza, por los besos, los parches, los abrazos, los arrunches, las risas, por todo lo que hemos vivido, por todo lo que has dado. No podría ser yo si no lo hago.
Finalmente si, apelo a la locura, al arte de disfrutar momentos en la vida junto a alguien sin llenarse de prejuicios y etiquetas sosas. Mientras estés aquí, te daré todo lo que te quiera dar sin miedo, me encantaría que fuera así desde vos, pero si no lo es, realmente no es problema mío.

¿Para qué decir todo esto? Vos no lees mentes -que yo sepa-, yo tampoco. Y más que hablar, me gusta escribir y ya está.

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