miércoles, 2 de diciembre de 2015

Juguemos a que...

Le tapo los ojos, le quito la ropa despacio, la acaricio con la yema de los dedos.  Que tiemble, que sienta escalofrío. La beso, le dibujo la piel con los labios y a veces con la lengua. Que se excite, que se desespere.
Es mío el turno y me lo voy a tomar con calma.
La saboreo, es deliciosa.
Me gusta jugar con ella, me gusta escucharla gemir, es una locura. Ella lo hace y yo me mojo. Yo me mojo y más la beso, la toco, me quemo y me pierdo en ella. Es un círculo vicioso.
Se arquea, me enloquece, gime más y ya mi cerebro se ha desconectado de todo lo que hay alrededor y sólo está ella. 
Sólo está ella disfrutando, y yo feliz.
¿Cómo no ser la más feliz provocándola y haciéndola estallar?
Que se venga, que se venga en mi boca, de la forma que quiera.
Quiero saborearla enterita, que no me detenga sino el cansancio. 
Me la quiero aprender de memoria, descubrir sus puntos y lo que se necesita para que pierda la cabeza y se suelte.
Me lo imagino y sonrío... misión del juego cumplida.

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