martes, 11 de agosto de 2015

Presentación de la D

A veces es tan difícil permanecer despierta... Como si fuera un aparato que al ser desconectado, es sólo cuestión de tiempo para que deje de funcionar. 
A veces siento que se llevaron mi cargador, que no lo puedo controlar.

Si, a esta figura no pública le han diagnosticado una de esas cosas de las que -recuerdo bien- renegué hace poco frente a unos amigos. Depresión, leve pero crónica. Es decir, Distima.
Qué es esa mierda ome, ¡cuál depresión! ¡Cuál distimia!

He atravesado épocas de tristezas, de no querer saber nada de nadie, de mandar al carajo a todo el que puedo -y al que no puedo también-, de dejar de lado todas las responsabilidades y dedicarme a la decadencia, de quererme poquitico, de arrastrarme cual gusano, de divagar y trasnochar reviviendo momentos buenos o no tan buenos, etc. Pero en general, la alegría es una de esas emociones que me caracteriza la mayoría del tiempo y no es forzada, la siento, me recorre y la transmito. 
Dharma ha sido constante en mi vida y he recibido muchísimas más buenas reacciones o recompensas del Universo de las que algunos consideran normal, por así decirlo. Siempre he sido afortunada y va más allá de lo económico. La capacidad de detenerme y observar, la calma, la tranquilidad, la sonrisa imborrable, la satisfacción, la apreciación de las cosas sea cual sea su tamaño o aparente importancia, la capacidad de asombro, jugar constantemente, el disfrute, la invaluable habilidad de fluir...
Todas esas me hacen quien soy y la verdad ha sido un proceso de aprendizaje y de no crecimiento -como lo llaman algunos- que ha sido muy satisfactorio en su balance.

Con todo eso, a veces es tan difícil mover los cientos de músculos que hay en el cuerpo y mantenerlos en disposición de hacer algo y ¡todo por culpa de un neurotransmisor desordenado! qué verraquera, hace con uno lo que le da la hedionda gana el bichito este.

Me quita el poder, me quita la energía, me quita las ganas de mirar al cielo, me nubla los ojos, me bloquea la mente, me congela la sonrisa, me desconecta, por eso así empezó este post, me deja por decirlo de alguna manera, jodida.

Es una lucha constante, no es mi intención hacérmelas dar de víctima, ni tampoco despertar lástima porque gas, esa no soy yo. La D y yo estamos todo el tiempo jugando al mataculín.
 
¿Por qué escribir sobre esto y "legitimarlo"? Porque es una adición interesante, no es más que eso. Sí que me puede noquear y no es tan chévere, pero en general hay que tener las bolas de aceptarla y más aún, de aprender a vivir con ella, de no dejarla ser quien domine el juego. 
En definitiva, algo que te obligue vivir desde la consciencia no es un pero, es todo lo contrario.

No hay comentarios: