martes, 25 de agosto de 2015

A estas alturas

No es que tenga problemas para odiar a alguien, si quisiera hacerlo, seguramente sería muy buena en ello. Simplemente lo encuentro inoficioso.
Afortunadamente mi educación me ha permitido aprender a sentar al ego en el asiento de copiloto y no dejarme afectar por las acciones de los demás a tal punto que el sentimiento sea odio.
Rabia me da, a veces, ¿pero odio? nuah.
Y no es que no haya tenido oportunidades, es que es el odio como tal es tan absurdo como la maldad.
No me gusta tomar veneno para esperar que otro se muera, no me gusta contaminarme por las obras de la gente. Cada quien hace de su culo un florero si le apetece, y ¿a mi? me importa un carajo.
Es muy difícil que alguien borre mi sonrisa. Fácilmente vivo tranquila, altamente feliz y satisfecha con mis actos. No puedo responder por los demás, mucho menos sentir que me hacen algo.
"La gente no me hace, la gente hace" Roberto, gracias, te amo.

Siendo una persona que ha tenido una historia como la mía, es muy fácil entender cómo he llegado a este punto. No es del caso contar las patadas ni los golpes, a nadie le interesa leerlas y a mi menos contarlas, pero mirando atrás veo con claridad cómo puedo omitir o dejar pasar esas cosas que a un ser humano cualquiera sacarían de quicio y que a mi probablemente me dan risa.

Vida agradecida, vida sin odio, vida feliz.

 

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