domingo, 12 de abril de 2015

Nunca aprenden

Con peores cosas hemos tenido que lidiar.

Si hay algo que ha caracterizado mi vida es el "quilombero", esto es sólo un punto en un cuadro enorme. Nada que valga la pena.

Mamertos/mamertas mal hablados hemos conocido todos y los seguiremos conociendo. Los reductores son más reales que las brujas, están por todos lados y tienen que tumbar todo lo que se encuentran porque no fueron capaces de elevarse. Viven pensando en atacar, en vengarse de todos por su inhabilidad de ser felices, de prosperar.
No me quitan la tranquilidad, siempre y cuando mi conciencia esté bien, no me dejo vender basura.

Palabras necias, palabras infundadas que no se creen ni los que por los lados me conocen, ahora menos los que lo hacen y ciertamente no las creo yo.
Siempre habrá gente con un corazón roto, un ego grande y una mente contaminada, buscando culpar a otros por sus propios fracasos.
¡Es la vida misma!

¿De qué sirven? De nada más que de entrenamiento. Si, entrenamiento.
Uno los observa, los lee, los escucha o escucha lo que han dicho a otros y a partir de eso analiza, aprende, hasta se ríe y logra sentir un poco de compasión. Es que la merecen. Cuando uno aprende a elevarse se da cuenta de la insignificancia y de la miseria en que viven estas personas y no puede evitar sentir lástima.
Ojalá ellos pudieran realizarse, aprender, limpiar sus mentes, sus corazones, vivir un poco más conscientes de su papel real en el Universo, bajar el ego, no sé, ojalá. Seguro que este sería un mundo mejor.

No es tampoco que yo sea Gandhi ni nada. Me da rabia, se me hierve la sangre, me da putería, se me acelera el corazón y siento el aumento de mi temperatura corporal. A veces hasta me provoca aceptar propuestas que he recibido. Pero como muchas otras, siempre vienen a mi las sabias palabras de un gran filósofo latinoamericano de nuestros afortunados tiempos: "la gente no me hace, la gente hace" o se hace (Roberto es un campeón). Al recordar esta memorable frase todo comienza a verse como debe ser, vuelvo a la calma y -para sorpresa de nadie- a la sonrisa y a Tranquilandia.
Porque así es como debe ser, que nadie te borre la sonrisa, que nadie consiga intranquilizar tu corazón perturbando tu mente. ¡Es que sencillamente no vale la pena!

No tomo venenos esperando que otros mueran. Yo tomo agua, calma y alimento mi cabeza con nutritivos asuntos, y dejo que los reductores solitos se sigan conduciendo por el suelo, consumiéndose por los rencores y las estupideces que han inventado.

Si hablan de mi, sigo siendo la misma. Si no hablan de mi, sigo siendo la misma. ¿Ven el punto? Es mu.
"Un león no pierde el sueño por lo que las ovejas piensen de él".
Es lindo, para reflexionar. Después de todo, es ella la base para introducir en nuestro sistema algún impulsor de cambio.

Los reductores si que lo deberían hacer. Reflexionar, introspectar, actuar en pro de cambiar. Se les haría la vida más linda, y si, merecen una vida más linda, no sólo por ellos sino por el mundo, el planeta y la energía.

"Si alguien te quiere tumbar, sólo significa que estás por encima de ellos"
Y eso que no me gusta competir, tampoco comparar. 
Todos somos buenas personas al nacer, cada uno vino al planeta a cumplir un rol, a vivir un proceso, y no creo que juzgar eso sea correcto. Tampoco me gusta juzgar acciones, no tenemos derecho a hacerlo. Razón adicional para sentir lástima por los reductores.

Compañero reductor, no intente atacarnos, por aquí sólo le deseamos el bien, que encuentre paz en su camino y sea feliz.
Recuerde que un gusanito no tiene nada que hacer en contra de un águila, pues sus caminos no han de compararse. Uno está destinado a arrastrarse en la tierra y el otro a volar libre por el cielo.

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