domingo, 15 de febrero de 2015

Ella es -como- así

Ella es impenetrable, nunca sabés con certeza lo que siente, ni por vos, ni por nadie. Mucho menos sabés con certeza lo que piensa.

Su cerebro es un universo mismo, lleno de transformaciones, de colisiones, de nacimientos y muertes. Y todo pasa en un segundo, ni te enterás.

Te mira a los ojos, le brillan como el mismo Sol, te dice que te ama y le creés. No le creás, al otro día esos mismos ojos brillantes, llenos de fuego, le pueden hacer compañía a las palabras contrarias.

No te enterás, lo juro! En un parpadeo todo su interior se revolcó y vos dejaste de ser su Luna y te convertiste en una roca abandonada en el medio de la montaña, que el río dejó ahí, en el olvido.

Es un universo lleno de poder. Cualquier cosa puede pasar con ella, y vos te podés gastar horas y horas intentando comprender o buscarle lógica a lo que hace, no hace, dice, calla, muestra u oculta. Nada parece tener sentido bajo los ojos de alguien afuera de su extraño mundo, es la verdad.

Si yo te contara las historias no las creerías. Mucho menos entenderías cómo es posible que alguien se quiera quedar alrededor de un personaje como este. Pero ya he dicho, tiene poder residiendo en algo enigmático, magia.

Nunca podrías esperar que haga algo predicho o predecible. Es improbable conocerla, y ahí radica su magia. Te atrae como un imán, siempre querés saber con qué va a salir, incluso se vuelve un juego con vos mismo, juego que casi no ganás pero te atrapa. Es como mirar el mar y querer predecir qué pasará con cada onda, cuál será su dirección, qué ola formará. Un lío encantador.

Así es ella, caótica, enigmática, misteriosa y resguardada, imposible de descifrar, de comprender. Con ella cada día cualquier cosa puede pasar, odio, amor, amistad. Todo y/o nada. Cada día tenés que estar preparado para lo más lindo o para el infierno mismo. Aparece, desparece, viene, te revuelca, se va, se queda, no se sabe. 

Nunca la vas a conocer, a estas alturas creo que ni ella misma se conoce, y es víctima de su propio descontrol, de su vaivén.

Te querés quedar al lado de ella? No digás, cuando vengás sin cordura, con el corazón roto y la locura a flor de piel, que no te lo advertí.

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