viernes, 19 de diciembre de 2014

Tan ácida como se puede ser

Si usted decide drogarse, es su decisión no la mía.
Si usted decide pasar su vida durmiendo, es su decisión no la mía.
Si usted decide inventarse una dolencia todos los días para justificar su inutilidad, es su decisión no la mía.
Si usted decide no luchar por su hija, que ella crezca criada por otras personas y usted ni se entere, es su decisión no la mía.
Si usted decide malgastar su dinero en sus pésimas elecciones, es su decisión no la mía.
Si usted decide ser un mantenido y vivir eternamente como un adolescente problemático, es su decisión no la mía.
Si usted se quiere creer traqueto y malo, es su decisión no la mía.
Si usted decide aceptar que su familia no pueda compartir con su hija porque no es capaz de enfrentarse a la mamá de ella, es su decisión no la mía.
Si usted decide vivir en un mundo de mentiras, es su decisión no la mía.
Podrirse, llenarse de moho, refugiarse en sus conflictos autoinventados o autoganados, es su decisión no la mía.
Sus problemas son suyos, no míos.
Sus excusas son suyas, no mías.
Sus dramas son suyos, no míos.
Su mediocridad es suya, no mía.

Nada de lo que usted haga, diga, piense, enrede, decida, etc.,  es mi problema, mucho menos mi karma, pues cada quien que haga con su vida lo que le de la gana y mientras más lejos esté su agujero negro de mi, más tranquila, más feliz, más inspirada voy a vivir. Cada quien escoge qué karma vivir y yo el suyo ni lo escogí ni lo escogeré. 

Le quedó claro?

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