sábado, 20 de diciembre de 2014

Bendición y/o maldición

Mi mayor error fue enamorarme de ella, aunque no por eso me arrepiento. Cuando uno entrega todo lo que tiene sin control alguno, solo quiere decir que sentía con fuerza, con ganas, y así es pecado arrepentirse.
Tal vez el verdadero kilombo fue no saber como soltar las amarras y viajar hacia otro lugar cuando era el momento.
No sé...
Fue un error que me costó reaccionar de un golpe durísimo contra el suelo, me tardé mucho tiempo en abrir los ojos, lamer las heridas, secar mis lágrimas, levantarme para recoger y armar los pedazos que la caída me dejó, y finalmente tomar fuerza para volver a caminar, para mirar al cielo de colores sin miedo y con la calma después de la tormenta volver a respirar.
Aprendí que puedo desafiar toda lógica, irme en contra de la razón, cerrar por completo los ojos y amar sin involucrar el cerebro, por encima del dinero, la gente, y todas las señales que a gritos me pedían que me alejara antes de lanzarme a lo que sería una muerte segura. Por eso no puedo arrepentirme, pero con humildad y hasta un poco de nostalgia reconozco, después de tanta tómbola vivida, que enamorarme de ella ha sido el peor error que jamás he cometido.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Desgarrándome

De las cosas más frustrante que pueden pasar es que el cáncer sea agresivo con una persona que amás y no poder hacer nada -aparte de mandarle buena energía-, porque los médicos decidieron que no tienen forma de curarla.
AH?
Me cago en la puta madre.

Qué queda? Darle amor en la distancia -porque bien lejos está- y desear que lo que le queda de vida lo viva de la mejor forma, que cuando sea su hora de partir no sufra demasiado, que se vaya tranquiliza, sin dolor y llena de satisfacción por haber hecho un gran trabajo en el planeta, por todo el amor que nos dio, la risa que nos causó, por su bondad.

No lo puedo ni creer.

Osea, obvio no era que iba a vivir para siempre, pero cáncer? Otra vez alguien en ese deterioro bárbaro y letal?

Tan ácida como se puede ser

Si usted decide drogarse, es su decisión no la mía.
Si usted decide pasar su vida durmiendo, es su decisión no la mía.
Si usted decide inventarse una dolencia todos los días para justificar su inutilidad, es su decisión no la mía.
Si usted decide no luchar por su hija, que ella crezca criada por otras personas y usted ni se entere, es su decisión no la mía.
Si usted decide malgastar su dinero en sus pésimas elecciones, es su decisión no la mía.
Si usted decide ser un mantenido y vivir eternamente como un adolescente problemático, es su decisión no la mía.
Si usted se quiere creer traqueto y malo, es su decisión no la mía.
Si usted decide aceptar que su familia no pueda compartir con su hija porque no es capaz de enfrentarse a la mamá de ella, es su decisión no la mía.
Si usted decide vivir en un mundo de mentiras, es su decisión no la mía.
Podrirse, llenarse de moho, refugiarse en sus conflictos autoinventados o autoganados, es su decisión no la mía.
Sus problemas son suyos, no míos.
Sus excusas son suyas, no mías.
Sus dramas son suyos, no míos.
Su mediocridad es suya, no mía.

Nada de lo que usted haga, diga, piense, enrede, decida, etc.,  es mi problema, mucho menos mi karma, pues cada quien que haga con su vida lo que le de la gana y mientras más lejos esté su agujero negro de mi, más tranquila, más feliz, más inspirada voy a vivir. Cada quien escoge qué karma vivir y yo el suyo ni lo escogí ni lo escogeré. 

Le quedó claro?

jueves, 18 de diciembre de 2014

¿Qué le pasa al mar?

¿Qué le pasa al mar?
Se está desahogando, entre el cielo y la tierra lo miran gritar.
Se sacude con violencia, se desata y se queja.

Está harto de que lo limiten.
Golpea la tierra con fuerza, pero no la deja, no la puede dejar. 
Ella lo hala, lo suelta y vuelve y lo llama.

Afuera es libre, tranquilo, se mueve como quiere, va a donde se le antoja, recorriendo de un lado a otro con su vaivén.
Y el cielo es su cómplice, lo anima, lo calma, lo alborota, juega con él.

Se dan algo que sólo ellos pueden darse, magia eterna.
Se tocan un poco la piel y así van por el mundo.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Razón más para amar el mar


Había olvidado el objetivo de escribir, pensé que se trataba de lograr algo bueno, medianamente importante, pero me encontré bloqueándome a mí misma con esa errada forma de pensar.
Escribir no se trata más que de sacar pensamientos a la calle, hacerlos recorrer y encontrarse con otros para que formen ideas frente a lo que cada uno lleva consigo. De tal manera que al conseguir un poco de claridad, se intente desenredar la maraña de pensamientos caóticos que a menudo llevan a los famosos y detestables sentimientos encontrados.

Y que si no llevan a sentimientos así, tampoco hacen fácil entender lo que uno mismo piensa.

Y así entonces qué?

Frente al mar es difícil mantener la concentración en los problemas que tiene uno consigo o de vuelta en casa, nada aquí parece importar, todo se olvida. Lo raro -o maluco más bien- es que cuando se regresa a casa vuelven y atacan todos juntos en manada, como desquitándose del abandono al que fueron sometidos.