miércoles, 1 de enero de 2014

Amor sano

Si de vomitar palabras se trata, aquí voy…
Empezamos un año nuevo, mis últimos días en el piso 29, qué ganas tengo de vivir un año diferente.
Quiero mar, quiero arena hasta en los calzones, quiero Sol, quiero alejarme del drama, aunque el grande se vaya conmigo.
No quiero hablar de la soledad porque la estaría atrayendo, quiero hablar de alguien, que no ha llegado probablemente, pero que tiene mi corazón listo, mi mente dispuesta y mi cuerpo lleno de ansias.
Ansias de vivir domingos en la cama una mañana, tarde con mi familia a su lado, risas, palabras, canciones, alegría, bailes, paseos, tranquilidad.
Quiero un amor sincero, lleno de honestidad, un amor libre, sin ataduras, revoltoso, transformador de realidades, fuera de lo común, una tormenta de paz y seguridad, que el único riesgo sea enamorarnos y pasar la vida así.
Quiero un amor de princesa, sin celos, lleno de amistad y mucha fuerza, que aguante los subidos tanto como los bajones, porque no es fácil lidiarme ni lidiarnos, pero no es imposible y no quiero mediocridad, quiero lealtad, pasión, desenfreno loco y satisfacción.
Quiero sonreír en calma en sus brazos, llenarme de emoción, quiero un amor sublime, como ninguno otro, por eso sé que quien viene no ha llegado, porque quiero un amor sin reproches ni fantasmas, sin enmendaduras, entendiendo que los dos tenemos mochilas llenas de historias buenas y otras no tanto, pero que no asustan porque el pasado es eso, no está en mi presente ni estará en mi futuro, y así quiero que venga también mi amor.
Quiero un amor lleno de aventuras, de experiencias por vivir, de caminar de la mano por el mundo, de descansar en las noches sabiendo que al día siguiente soy y sigo siendo tan grande para él como lo es para mí.
Quiero un amor para cuidarlo, para que me cuide, que no se asuste fácilmente con los vaivenes de la melancolía y los golpes del drama que en cualquier momento atacan.
Quiero un amor consiente, imparable, que día a día se haga más y más fuerte, que comparta mis valores y ame lo que amo, que me enseñe a amar lo que ama y a ser más grande, más completa.
Quiero un amor que no me cambie la esencia, que disfrute la locura, que le baile a la Luna y sonría al estallar las olas, que se solle las estrellas y no se asuste en los bosques, que me proteja y me lleve a conocer su mundo con toda la paciencia necesaria.
Quiero un amor del bueno, que tenga sabor, que repela como yo la monotonía y luchemos juntos frente a las adversidades.
Quiero un amor que me sacuda el suelo pero no me tumbe, que no me haga tanto daño, que me sepa querer desde el fondo de su corazón. 
No tiene que ser perfecto, sólo quiero que seamos un molde que encaja y lo que no encaje lo podamos llevar.
Quiero un amor que me quiera compartir sus días, sus noches, sus delirios, que sueñe y le provoque que sea su compañera para hacerlos realidad.
Quiero un amor que no le de pena, que sea atrevido pero no mal educado, que haga junto a mi "borrón y cuenta nueva" y que a partir de nuestra unión renazca y me haga renacer en la esperanza de que es posible.
Quiero un amor que pueda entenderme y hacerse entender, que me empuje cuando me ralentizo en la construcción de mis sueños y proyectos, que ojalá coincidan con algunos suyos, diría que todos pero si ese amor tiene sueños diferentes pues más será la grandeza y la alegría en el final de los días, porque sabremos que trabajamos juntos no sólo por lo nuestro sino por la realización de cada uno.
Quiero un amor para vivir intensamente pero que no se queme, que no se le acabe la llama, que no se seque ni hastíe. Quiero un amor con quien pueda dejar atrás las piedras de mi mochila porque dejaron de importar, a quien pueda liberar de tormentos pasados, con quien sueñe despierta y que juegue conmigo a ser grandes, a vivir en riqueza.
Quiero un amor inteligente, humano, provocativo, sin dependencias, sin reproches, sin necesidades, sin reclamos, un amor lleno de perdón, un amor fiel, que apunte conmigo al infinito.
Ya viene, lo sé! Sonrío al pensarlo porque ese amor lo merezco y me merece, ya viene, qué feliz!

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