jueves, 17 de mayo de 2012

Moraleja

Cómo es de fácil perder el rumbo y avanzar deambulando, dando tumbos por cualquier parte, contra todo y en contra de todo lo que uno fue!
Cómo es de fácil romper el corazón de quien se ama, destruir su alegría y erradicar su confianza!
Cómo es de fácil pedir perdón, pero como es de difícil dejar atrás el daño, apagar el remordimiento y reconquistar a quien se dañó.
Descoserse en llanto, en tristezas, en arrepentimientos, en recriminaciones, mientras la otra persona o a quienes aporreaste se debaten entre odiarte, perdonarte o simplemente dejarte ir en el olvido.
Toda la vida he pensado que es más fácil destruir que construir, y es aplicable a todo.  Aunque no niego que a veces destruir un único objetivo sin causar daños colaterales se puede considerar como un arte, sino miren los que hacen demoliciones de edificios sin hacer siquiera un rasguño en los edificios aledaños.
Pues eso, qué arte es erradicar a alguien de una vida sin causarle mayores traumatismos.  Mi admiración a esos...
Pronunciar palabras para justificar daños o de alguna forma aminorarlos es relativamente fácil, y bueno, a veces se puede lograr, pero siempre se llevará por dentro el recuerdo, el remordimiento y la duda de la veracidad del perdón conseguido o de si algún día eso guardado saldrá a flote violentamente como lava volcánica y acabará con todo...
Puede pasar, créanme.
Es la forma más abrupta de bajar a alguien del cielo y enviarlo derechito al subsuelo, allí donde dicen que sólo arden llamas y uno se enloquece en su propio remordimiento.
Que bueno sería tener una de esas cositas que usaban en "Men in black" para borrar los recuerdos de las mentes, por lo menos una que elimine los dolorosos, los de las heridas, para así garantizarme que jamás volveré a perderte.

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