“Como se
está amaneciendo deberíamos ponernos la ropa, no sea que tu prima nos vea
empelota”, dijo con la sinceridad característica.
“Que nos
vea, no soy yo quien se queda con una imagen que no le gusta en su mente”,
respondió en tono seguro.
Realmente
poco o nada le importaba que alguien entrara en su habitación y viera una
escena que en su mente quedaría inmortalizada como la mejor escena de su vida.
“Prefiero
recibir el Sol con vos así como estás, vale la pena la emoción de mi primer
mañana”, continuó.
“¿Cómo es
eso, tu primer mañana?”, preguntó
“Acabo de
nacer en un mundo nuevo, por eso lo dije”, respondió mirando hacia la ventana,
sobre el mar se veía como el cielo se aclaraba con el paso de los minutos y las
gaviotas comenzaban a cantar anunciando la mañana.
“No puedo
creer que en vos exista ternura” le dijo sintiendo, entre otras cosas, asombro.
“Vas a ver muchas cosas de mi que habían escondidas, es tu culpa si no te
gusta, vos fuiste quien me provocó”, le dijo y sin dejar que dijera nada y sin
pensar en quien pudiera entrar, rápidamente le dio un beso, no un beso como los
de siempre, fue un beso sintiendo algo muy parecido al amor.
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