domingo, 1 de mayo de 2011

Vaya mierda…

La vio partir tan rápido que no alcanzó a reaccionar para detenerla.  Cuando menos lo imaginó, se fue de su vida, sin despedirse, sin avisar, sin dar señales que le indicaran que había algo que no estaba funcionando.

Abrió los ojos y ya estaba lista, la miró y le preguntó inocentemente a dónde iba, la miró y sin sonreír le dio la espalda y comenzó a caminar.

Mientras se levantaba de la cama en la que acababan de pasar tantas noches juntas, escuchó el sonido de la puerta principal cerrarse.  Confundida intentó correr tras ella, pero cuando logró salir, la vio doblando la esquina.

Por qué se fue, nunca lo sabrá.

Pensó en correr tras ella la última vez que la vio, pero algo la detuvo, sería el orgullo tal vez, no lo sé, pudo haber sido el sueño o el hambre, sea como sea, por alguna desconocida razón no corrió tras ella y simplemente se fue de su vida.

Jamás volvió por lo que dejó en su apartamento, los objetos, los recuerdos, todo lo que le pertenecía sigue allí, acechándola de vez en cuando, torturándola con las preguntas que quisieran responder -inútilmente- millones de interrogantes acerca de su partida.

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