lunes, 8 de noviembre de 2010

Jugando en color rojo

Frente al espejo mis manos tocan un cuerpo.
No se siente como mi cuerpo mientras mis manos lo recorren.
Suavemente, las yemas de mis dedos van rozando la piel que ven en el espejo, desde el rostro, bajando sutilmente, pasando por el cuello y la espalda, recorriendo cada una de las células que la conforman.
El cuerpo del espejo se estremece poco a poco a medida que mis manos dibujan sobre él mis deseos y antojos, a veces tiembla, se arquea, se mueve despacio, a veces es imperceptible, a veces de su interior se escapan leves y suaves sonidos, finas señales de placer.
El tiempo no existe, Tacar está a mi lado alzando sus brazos, no tengo afán y puedo deleitarme jugando con el cuerpo del espejo, desesperándolo y excitándolo hasta hacerlo estallar cuando así lo desee, porque es mi juego.

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