lunes, 29 de noviembre de 2010

Hace mucho tiempo...

Tormentas crecían en todas las direcciones,
Intentaba dar pasos firmes flotando en el océano,
Agitado, caótico, azotado por los vientos,
Quién puede tener firmeza apoyándose en algo así?

Sentí el golpe del primer viento,
Intenté reponerme justo cuando me golpearon los demás y caí,
La energía se desvanecía en esta lucha por no naufragar,
Mientras desesperadamente buscaba un puerto donde poderme resguardar.

Alrededor no encontré puertos,
Sólo lluvias, truenos, rayos y oleaje fuerte,
Las tormentas se desataron y me sacudieron,
Potenciando mi desesperación.

Dejé de respirar y por un instante,
Me resigné a perder la batalla,
Decidí rendirme ante la furia del mar,
No moverme, dejarme llevar por su poder.

Flotando, sin esperanza, sentí un contacto diferente,
Luego de varios días de azotarme,
El mar me dejó de castigar,
Arrastrando mi cuerpo hacia tierra firme.

Abrí los ojos, miré hacia el cielo,
Sus azules jugaban con los blancos,
El Sol brillaba intensamente,
Energizando lentamente mí renacer.

Sin prisa me levanté y toqué la tierra firme,
La falta de costumbre me flaqueó los pies,
Mientras recordaba como caminar allí,
Sin dudarlo giré y le dije adiós al mar...

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