sábado, 14 de agosto de 2010

Killer mode

Hay días en los que me despierto con rabia.  Hoy, claramente, es uno de ellos.  La razón no la tengo clara, incluso pueden ser varias razones.  
Tal vez sea por la cucaracha voladora que sin permiso alguno entró por mi balcón a posarse tan cerca de mí que me hizo saltar de la cama cuando ya estaba a punto de dormir, obligándome a correr a buscar con qué atacarla, incluso obligándome a matarla.  Maldita cucaracha voladora gigantesca, las odio.  Representan la única fobia real que he identificado en mi y toma ya! Mandan al macho alfa del clan a molestarme. 
Tal vez sea porque no contesta al teléfono, a veces pienso que se cayó de un zarzo y se volvió idiota, vamos a ver, ¿a qué estamos jugando? ¿Al gato y al ratón? Vaya juego culo en el que me han involucrado.
Tal vez sea por esa innegable sensación que me late por dentro cuando me doy cuenta que alguien se deja engañar y manipular fácilmente, bueno, hay que anotar, a veces es necesario manipular, incluso engañar, mentiría si escribiera que no lo hago, pero es que repetir los mismos errores durante toda la vida es realmente absurdo, dejarse hacer eso siempre es una falta de cojones que me dañan un poco el genio.
Tal vez sea por la noticia que mi hermana esta mañana muy animada me dio.  Vuelve mi perro rey, si, Mongo, vuelve a casa sólo por este fin de semana largo (es puente y ni sé por qué hay festivo).  Si pienso en todo el mes que ha estado ausente, internado en la veterinaria, me debería alegrar y “explotar en lacasitos”, y seguramente esta tarde cuando lo vuelva a ver lo haga, pero no dejo de pensar que el pobre perro sufrirá un aumento considerable de peso en estos 3 días, y todo el mes de dieta en el veterinario se irá al carajo, por la sencilla razón de que mis padres no pueden dejar de darle comida chatarra y absolutamente perjudicial para los perros.
Tal vez sea porque definitivamente no quiero vivir más en Medellín.  Me gusta esta ciudad, pero la sensación de estar lejos del mar me carcome el espíritu y me patea el ánimo, mientras día a día aumenta el desespero que me causa saber que la posibilidad de vivir en la costa es tan pequeña.  No sé, algo falta, y quedándome acá no lo voy a encontrar.
No sé, es un mundo de posibilidades… Killer mode.

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