jueves, 29 de abril de 2010

Una noche de fiesta y un secreto - El 7 (finale)

El 7

Al entrar a la habitación, ella llevó a Gabi hasta la cama, pero no se acostó con ella.  Puso música, apagó las luces y encendió las lámparas pequeñitas que tenía por todo el cuarto.

La miró, «Estás hermosa en ese vestido, ¡que azul! Qué lástima, no se puede quedar en vos más», dijo soltando sus manos de su vestido.  Ahí, de pie junto a la cama, el vestido rojo cayó hasta sus  caderas, Gabi respiró profundo y se arrodilló frente a ella.

Comenzó a darle besos en la cintura, abdomen, ombligo, y lentamente con sus labios subió rozando su cuerpo, hasta quedar frente a su boca.

«Deliciosa», dijo Gabi.

Ella se le lanzó encima con un beso muy intenso, desesperado.  Sus cuerpos cayeron sobre la cama.  Era el momento que habían estado esperando, muy parecido a la forma imaginada.

Ella paró de besarla y la miró, la volvió a besar y le empezó a dar besos por toda la cara y por el cuello, mientras con sus manos rozaba lentamente sus brazos.  Cuando sus manos llegaron al cuello, le quitó los tirantes del vestido azul y los bajó, deslizando a su vez el vestido y dejando descubierto el pecho de su chica.

«Muero», dijo sonriendo, al ver los senos de Gabi.  Empezó a jugar con ellos con sus labios, su lengua y sus dedos, a veces hasta mordía suavemente sus pezones.

Gabi gemía y se estremecía, y ella sentía con cada sonido de su chica que algo por dentro se aceleraba cada vez más.  Siguió bajando el vestido azul y llegó a su ombligo.

«Es hermoso, ¿me lo regalás?», preguntó.

«Te regalo todo lo que querás», dijo Gabi.

Ella sonriendo empezó a jugar con su lengua en él, despacio, la movía y le daba besitos suaves.  Gabi no sabía cómo contenerse, lo único que lograba hacer era acariciarle los brazos, los hombros y el pelo.

Ella siguió bajando con su boca entreabierta, rozando su piel, detallando sus huesos, aspirando su aroma, mordiéndola suavecito y acompañando sus besitos con el suave roce de sus manos, quienes deslizaban a su paso el vestido azul.

Cuando llegó a las bragas tuvo que parar, eran espectaculares, la miró y le dijo que le gustaban mucho, pero que le estaban estorbando, a lo cual Gabi dijo que las podía arrancar si quería.        Pero ella no las arrancó, tampoco las quitó, les pasó despacio por encima con su boca y sus manos.  Gabi se iba a enloquecer y ella disfrutaba mucho verla así, ya había decidido tomarse su tiempo para alborotar cada célula de su cuerpo, y siguió bajando.

Recorrió sus largas piernas, suaves y tonificadas, Gabi realmente era divina.  Llegó hasta sus pies y con calma empezó a besarlos, chupando sus deditos con mucha delicadeza, provocando en Gabi leves cosquillas.

Se sentó a sus pies y le pidió que se sentara.  Cuando estuvieron frente a frente se besaron.

Gabi le quitó el vestido y las dos quedaron mirándose, con nada más que las bragas puestas.  Tenían miedo, pero estaban seguras de seguir adelante.  Sonreían y temblaban, estaban nerviosas, pero no paraban de mirarse y tocarse muy suavemente.

Se arrodillaron.  Gabi la recostó y se dejó llevar sobre ella.  Mientras la besaba, con sus manos la acariciaba.  Su cara, su pecho, su abdomen, sus huesos... Cuando llegó a sus bragas pasó su mano sobre ellas, llegando hasta su entrepierna, donde se detuvo.  Sintió como ella se estremeció y gimió suavecito.  Las empezó a correr con mucha calma, metiendo su mano por debajo de ellas, dibujándolas en su piel mientras las movía, sintiendo su humedad, sin parar de besarla.  Se levantó, las quitó y desde donde estaba se quedó paralizada, mirándola totalmente desnuda.

«Eh! mamasita!», dijo con la sonrisa más grande que tenía.

«Veni Gabi, dame un beso», le pidió ella y Gabi obedeció, recostándo su cuerpo sobre ella.

«Quedate quieta, no te movás», dijo ella.

Gabi la miró extrañada, «¿Qué te pasa nena, estás bien?», le preguntó.

«Si, pero quedate acá conmigo».

Gabi le sonrió, supuso que tenía miedo, le dio un beso suave y la abrazó, recostando su cabeza junto a la de ella.

«Me encanta vivir esto, no quiero que se acabe nunca», dijo ella.

«No tiene por qué acabarse, apenas estamos empezando, y vos y yo vamos a funcionar muy bien.  No te preocupés princesa, sollate tu día que no se ha terminado», dijo Gabi.

«Hace rato terminó», dijo ella un poco desanimada.

«No, tu día nunca acabará», dijo Gabi besándola de nuevo, «No para mí».

«Vení, ¡juguemos algo!», volvió a hablar Gabi.

Se recostó en la cama y la montó sobre ella, quedaron sus piernas entrelazadas y le recostó su cabeza en su hombro.

«¿Querés jugar?», le preguntó mientras jugaba con su pelo.

«Si claro».

«¿Te acordás del juego "Aquí"?», preguntó Gabi.

«Jajajaja claro, ¡me encanta!», respondió animada la chica.

«Bueno, pues juguemos ese, ¿querés empezar?», preguntó Gabi.

«Listo...», dijo la chica, quien se levantó un poco, sosteniéndose con sus brazos, y la miró con picardía.

«¿10?», preguntó, para confirmar el número de lugares en los cuales podría darle besitos.

«Por ahora si», respondió Gabi.

«Te doy un besito aquí...», la besó en la boca.

«Aquí», suavemente le besó las orejas, y suspirando en sus oídos, sintió el escalofrío que recorrió todo el cuerpo de Gabi.

Bajó un poco.

«Aquí», dijo besando sus senos, mientras los dibujaba con la yema de sus dedos.

Gabi gimió y ella siguió jugando con su lengua en sus pezones.  Sabía que no podía quedarse mucho tiempo, porque era hacer trampa, entonces continuó hacia el ombligo...

«Te doy otro besito aquí», dijo hablando con sus labios pegados al ombligo, introdujo un poco su lengua y la movió de lado a lado, luego lo chupó un poco, muy suavemente.

Gabi gimió suavecito y dijo, «¿Llevás cuántos?».

«Cuatro», respondió sonriendo.

Ella prosiguió, «Besitos aquí», y le besó los huesos de la cadera, mordiéndolos y apretándolos con sus manos, aspiraba el olor de su chica y le encantaba.

Bajó hasta los pies, «Aquí...», dijo recorriéndolos con su lengua y metiendo sus dedos a la boca, primero un pié, luego el otro.  Gabi disfrutaba muchísimo y sentía que se le cortaba la respiración, pero sabía que aún faltaba mucho, porque ella todavía podía escoger más lugares para besarla.

«Aquí...», dijo levantando sus piernas y poniendo sus labios detrás de una de sus rodillas, chupando suavemente, besándola y recorriendo la zona con su lengua. Luego hizo lo mismo en la otra rodilla, haciendo que Gabi se moviera desesperada.

«Te faltan 3...», dijo Gabi, «hasta ahora has escogido super bien».

Ella subió un poco... «Aquí», dijo separando sus piernas con suavidad, besando la parte interna de los muslos, y respirando sobre ellos.

Gabi gemía y se movía, respiraba muy rápido, «Me vas a enloquecer vos», dijo, y ella sólo se rió.

Siguió subiendo y llegó a sus bragas.  Sin dudarlo las quitó, usando ambas manos. Miró a Gabi, quien estaba acostada con la cabeza hacia atrás, con sus manos entre su pelo, como sosteniendo su cabeza, y siguió.

«Wow… Te doy un besito aquí... », dijo y sonriendo puso su boca unos centímetros debajo del ombligo, y recorriéndola con sus labios entreabiertos y húmedos, le daba besos pequeñitos, muy delicados, mientras sus manos buscaban las de Gabi.

Cuando sus manos se encontraron, se apretaron fuertemente, y ella siguió bajando.

«Por último, te doy un besito aquí...», dijo, mientras sentía que su corazón se iba a explotar y Gabi la miraba...

Metió su cabeza entre sus piernas, empezó a recorrerla con sus labios y su lengua. Con su boca le separó un poco sus labios y comenzó a besarla despacio, pasaba su lengua y escuchaba como Gabi no paraba de gemir.  Gemía y le apretaba las manos con tanta fuerza que ella sentía que le iban a destruir los dedos.

«¿Te gusta?», le preguntó a Gabi, quien levantó la cabeza y haciendo un esfuerzo dijo, «Es el mejor juego "Aquí" que he vivido!!».

«Que bueno hermosa, ¡¡¡sos deliciosa!!!».

«Fin del juego», dijo y volvió a meter su cabeza entre las piernas de Gabi, y siguió jugando, pero esta vez le soltó una mano y con los dedos separó sus labios, despejando el camino hacia el clítoris.

Cuando lo vio no lo podía creer.  Pasó despacio su lengua sobre él.  Gabi se estremeció y gimió.  Ella siguió pasando su lengua, la besaba, a veces la chupaba un poco, primero despacio y luego más rápido.

Le introdujo uno de sus dedos, haciendo que su chica perdiera el control, lo sacaba y lo volvía a introducir, mientras su boca no dejaba de moverse, luego introdujo otro dedo y siguió haciendo lo mismo.

«Nena me vas a hacer estallar», dijo Gabi con vos desesperada.

«¡Disfrutalo!", dijo, y aceleró sus movimientos.

Sus dedos no paraban y su boca disfrutaba el sabor del interior de su chica, hasta que la vio arquear su espalda, levantar su pelvis y gemir fuertemente mientras temblaba.

Lo había hecho, y luego de saborearla se detuvo a mirarla.  Gabi estaba extasiada y no paraba de temblar, con sus manos se sostenía la cabeza y hacía un gran esfuerzo por respirar.

Ella se levantó y se recostó de lado junto a ella, no podía creer que lo había hecho con una chica y que era Gabi, le fascinaba tenerla así y disfrutaba, como nunca, verla.

Unos instantes después, Gabi giró y quedaron mirándose.  Las dos tenían una sonrisa enorme y los ojos muy brillantes.

«Te amo Gabi, ¿sabés eso?», le dijo.

Gabi se acercó y la besó, «Mmmmm deliciosa».

«Mi boca sabe a vos, me encanta tu sabor», dijo ella, poniendo uno de sus brazos alrededor de Gabi.

Un momento después, Gabi se sentó en el borde de la cama, intentando recuperar el aliento.  Se volteó a mirarla y al verla ahí acostada, desnuda y mirándola, supo que no necesitaba más tiempo y se volvió a recostar junto a ella.

Comenzó a besarla, «Te amo princesa», dijo y se acostó sobre ella.

La vio sonreír y mientras la besaba, su mano comenzó a bajar, rozándola despacio, dibujando sus huesos y sus formas.  Llegó a su entrepierna y sus dedos percibieron la humedad.

«¡Estás toda mojadita!», le dijo sonriendo y volvió a besarla.

No paraba de besarla y sus dedos seguían recorriendo sus labios.  Los separó y con sus dedos empezó a jugar con su clítoris, despacio, los movía en círculos y luego hacia los lados.

Sintió que su chica tenía el corazón muy acelerado y que sus gemidos aumentaban, lo que hizo que la intensidad de sus besos y el movimiento de sus dedos aumentara también.

«Gabi, ¡qué es eso tan bueno!» dijo, mientras su cuerpo se movía, le clavaba sus manos en la espalda y sentía que el calor la recorría por dentro.

«Cerrá los ojos, dejate llevar», dijo Gabi.

Ella le mordió los labios cuando la volvió a besar y gimió con fuerza, Gabi no paraba y ella sentía que no aguantaba más.

«No voy a aguantar mucho más, me estás matando», dijo ella entre gemidos rápidos.

En ese momento Gabi bajó y empezó a hacer con su boca lo que hacía con sus dedos, introduciendo éstos en su chica, moviéndolos en su interior, a la vez que continuaba los rápidos movimientos de su boca.

Unos instantes después, sintió como ella le apretaba la cabeza entre sus piernas y empezaba a temblar, pero no se detuvo hasta que la chica gimió con fuerza y se estremeció, para luego dejarse caer sobre la cama.

Gabi sintió que era la chica más feliz del mundo.  Había hecho realidad su sueño, de la mano de la chica que amaba.

Unos instantes después, sintieron como poco a poco sus corazones pasaban de una velocidad extrema, a una normal.  Sintieron el sudor de sus cuerpos cuando se volvieron a recostar juntas, rendidas, sin poderse mover mucho.  Sintieron el delicioso sabor de la otra en su boca, y les encantó intercambiar sabores besándose.

Los resultados de una noche loca, llena de momentos intensos, terminaron por derrotarlas, dejándolas abrazadas, desnudas y mirándose, con la satisfacción de haberse hecho el amor y de haber probado lo que tanto les había provocado.

Lo mejor, era que sabían que apenas habían empezado y todavía les faltaba mucho…muchísimo por hacer.

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