jueves, 29 de abril de 2010

Una noche de fiesta y un secreto - El 6


El 6

«¿Dónde está la anfitriona más hermosa del mundo?», gritó alguien.

«Llegó Ro, ¿ves? ¡Siempre con sus entradas impactantes!», dijo Gabi al escucharla.

La chica se fue al baño, se organizó y dijo «Listo, llegó la que faltaba, si no salgo rápido va a venir a buscarme, organizate un poco, mirá como te dejé el pelo, y salís, ¿vale?».

«Andá, nos vemos en un momento», respondió Gabi.

Ella salió a la terraza y vio a Ro saludando gente, muy contenta.

Ro estaba espectacular, se había puesto un vestido negro muy cortico, con un gran escote, tenía  un  cuerpo impresionante y su piel era muy blanca, contrastando de forma increíble con el color del vestido.  Además, con los tacones altos que tenía, sus piernas parecían medir kilómetros.

«¡Negra hermosa!», dijo ella acercándose a su amiga, «Wow, ¡que linda Ro!».  Ro la miró de arriba a abajo, «¡Hermosa sos vos, estás radiante!», dijo.

Se abrazaron sonriendo.

«Perdoname por llegar tan tarde, tenía un asunto pendiente», dijo Ro.

«Eso me suena a un chico amarrado en tu cama o algo así, ¿verdad?», preguntó ella.

«Jajaja algo así, pero ya estoy acá.  ¡A ver! ¿Dónde están los cocteles? ¡No es tu fiesta si no hay cocteles!».

La energía  de  Ro  era  contagiosa,  se  fueron  a  la  barra,  pidieron  cocteles  y  se dirigieron a  donde estaban Leo, Vale y Jose.  En ese momento llegó Gabi, y por supuesto, el saludo con Ro también fue notorio.

«¡Mamasita!», dijo Gabi.

«¡Weeee, la princesa que faltaba! A ver, cuéntenme ¿cómo va la cacería? », preguntó Ro.

«¿Vos no descansás, ¿cierto?», preguntó la chica riéndose.

«Claro que sí, cuando el chico no da más, descanso... ¡Pero para eso necesito uno nuevo!», dijo Ro con picardía, «¿Y ustedes qué chicos?, ¿cómo los trata esta noche?», les preguntó.

«No tan bien como a vos, claramente, pero ahí vamos», respondió Jose.

«Yo voy muy bien», dijo Leo mirando a Vale.

«Uy, uy, uy! Enredos por aquí, los percibo, ¡qué bien!», dijo sonriendo mientras miraba a Vale y le guiñaba un ojo.

«Jose, vení bailemos y pesquemos juntos», lo tomó de la mano y se lo llevó.

«¡Ro es muy grande!», dijo la chica, «¿Alguien se mide a apostar cuanto tiempo tardará en ligar?», agregó Gabi.

«No, yo no», dijo la chica.

Leo y Vale tampoco se animaron, «Es una máquina, pronto estará con un chico y hasta le conseguirá chica a Jose, o terminará enredándose con Jose», dijo Vale.

«¿Ya no te importa lo que haga Jose?», le preguntó Leo.

«No, ya no me duele», le respondió.

«¡Por fin! ¡Qué bueno saber eso!», dijo Leo, las otras dos chicas lo apoyaron.

«Hablando de ex novios, ¿qué se hizo el pesado de Carlos?», preguntó Gabi.

«¡Es cierto! Desapareció después de que te fuiste a fumar», dijo Leo mirando a la chica.

«Cualquiera se va, si tardaste un siglo fumando», le dijo Vale en tono de reclamo.

«Mejor, que deje la payasada esa de querer ser mi amigo», dijo ella, sonó aliviada.

Sonó una canción  de moda y todos se alborotaron y empezaron a bailar.   Unos minutos más tarde, Vale llamó a Gabi para que hablaran.

«¿Vos creés que si me enredo con Leo, meto las patas?», preguntó.

«¿Por qué metés las patas?».

«Porque sabés que no es él quien me gusta».

«¿Y ya decidiste decirle la verdad a quien te gusta?».

«No, no puedo».

«Entonces nunca lo sabrá, yo no te puedo ayudar, nadie te puede ayudar si seguís con tu cobardía».

«¿Querés saber quién es?».

«Si me querés decir, decilo, pero tenés que ser vos quien se lo diga».

«Es muy cagada...».

Gabi la miró y le puso sus manos en la cintura, «Si querés hablar, hablame.  Si no pensás decir nada, revolcate con Leo, no hace diferencia», le dijo con un tono muy tranquilizante.

«Es ella...».

«¿Queee?».

«Si, la nena que me gusta es ella», señalando a la chica del vestido rojo.

Gabi sintió como se le bajaba todo hasta los pies, que de repente se le estaban convirtiendo en mercurio, sintió que se iba a caer frente a Vale.  Sus sospechas eran ciertas, pero ahora era real.  Ahora no podía ignorar que a su amiga le gustaba su chica, ella, por la que había revolcado todo y que después de tanto rollo la tenía.  Se sintió fatal sosteniendo a su amiga sin saber que decirle.

«Te dije que era una cagada», dijo al ver el cambio de cara de Gabi.

«No sé qué decirte», logró modular Gabi y le quitó sus manos de la cintura.

«¿Qué hago?».

En ese momento Gabi se tuvo que enfrentar a ella misma, tuvo que decidir entre apoyar a su amiga o proteger su relación.

«Si te gusta tanto, decile», dijo Gabi, insegura del paso que había dado.

«¿Qué creés que diga ella?».

«Eso no te lo puedo responder».

«¿Y si me manda al carajo?».

«Vale, ¿que querés que te diga? Son cosas que pueden pasar siempre, es cuestión de decidir si vale la pena arriesgarse o no», dijo Gabi, sonando un poco enfadada.

Para disimular su molestia, la abrazó.

«No sé qué hacer, esto es muy difícil, yo no pedí sentir esto, ¿sabés?», dijo Vale agobiada.

«Sé que es muy difícil, pero si no vas a actuar sobre eso, tenés que dejar de sentirlo, si no te estarás amargando en vano».

«Gracias Gabi, sos genial».

«No me agradezcás por esto.  Pensá bien si vale la pena saltar y decirle...».

«¿Vos qué harías?».

«Yo le diría», dijo Gabi, sabiendo que con eso ella misma se estaba clavando una estaca.

«Hoy no, no puedo, no estoy lo suficiente ebria, ¿sabés?».

«Jajaja, hacelo como querás», dijo Gabi, mirando a su chica, quien la miró intrigada porque se dio cuenta que las dos la miraban.

«Voy a ir a fumar, si me necesitás, avisame».

Gabi se fue a fumar, en la zona alejada de la terraza.  Tenía la mente enredada y no se sentía a gusto.  Necesitaba despejarse antes de volver a ir donde su chica.

Pasó mucho tiempo, se fumó muchos cigarros y aún no sabía cómo actuar frente a ella.   Estaba  asomada mirando hacia la calle cuando sintió que la abrazaron por detrás.  Era ella, lo supo por el tacto de sus brazos delgaditos y su ternura.  Sintió que le recogió el pelo y lo puso a un lado.

«¿Te pasa algo?», le preguntó en el oído.  Gabi negó con su cabeza.

«Mentirosa.  ¿Te molesta un poco de compañía?».

«No, si es la tuya no me molesta».

«Sé que tenés algo.  Cuando querás hablar, hacelo».

«Gracias linda».

Ella le dio un besito en el hombro y la apretó con fuerza.

«¿Me  das  un  cigarro?»,  le  preguntó  a  Gabi,  quien  le  alcanzó  el  paquete  y  el encendedor.

«Gracias princesa».

Encendió un cigarro y se paró junto a ella.

«¿Qué hora es?», preguntó Gabi.

«Son las 2:40.  La gente ya se está yendo.  Vine a decirte que los chicos se quieren despedir de vos», respondió ella.

«¿Vos ya te despediste?».

«No, les dije que te buscaría y ya regresaría».

Gabi no quería despedirse porque no estaba bien, pero sabía que tenía que disimular, no podía darle a Vale una impresión rara.

«Vamos... ¿Qué pasó con Ro?».

«¡¡Ya verás!!», dijo la chica emocionada.

Juntas fueron a despedirse de sus amigos.  Gabi se sorprendió al ver el chico con quien había ligado Ro, era muy lindo y estaba buenísimo.  También se sorprendió al ver que efectivamente, Leo  y Vale se estaban tomando la mano y se veían muy cariñosos. 
Todos ellos se fueron, hasta Jose había conseguido pareja.

Unos minutos más tarde, la chica le dijo a Gabi que debía despedir a los demás invitados, que si quería la acompañaba o la esperaba donde estaba fumando antes.  Gabi decidió esperarla fumando.

Cuando la chica despidió a todos sus invitados, incluyó a su familia, a quienes agradeció por la fiesta y les dijo que no se preocuparan por la limpieza, que al día siguiente iría alguien para ayudarla con eso.  También despidió a los chicos de la barra y al dj, pagándoles lo que habían acordado.

Cuando no quedaba nadie más, volvió a buscar a Gabi.

«Ya se fueron todos...», dijo con tono de voz un poco agotada.

«Que buena fiesta», dijo Gabi.

La chica se acercó hasta Gabi, le tomó ambas manos y miró sus ojos, «No sé lo que te pasó, pero  así no imaginamos el final de esta fiesta, ¿después de todo lo que vivimos hoy? ¡¡Animate Gabi, por fa!!... A ver, ¿muy dura una sonrisa para tu nena?», terminó diciendo con tono mimado.

Gabi no pudo aguantar y sonrió.

«¡Weeee! ¡Así es! Ahora, paso siguiente, ¿te provoca tomar algo?».

«Vale».  Odió decir eso.  En ese momento algo por dentro se le sacudió y decidió que Vale no podía dañar su noche.  De su interior sacó un egoísmo enorme y se propuso olvidar lo que su amiga le había dicho.  Después de todo, estar con su nena no había sido fácil, y no podía dejar que alguien fuera un impedimento.

Llegaron hasta la barra, «¿En serio te deshiciste de todos?», preguntó Gabi.

«Si claro, ¿qué creías?  Yo hago los cocteles, vos ponés la música, ¿necesitamos algo más?».

«Jajaja, ¡sos grande!», dijo Gabi, quien fue a poner música. 
Programó una lista de reproducción muy larga, llena de canciones que a su chica le gustaban.  La música empezó a sonar y las dos inmediatamente bailaron.

Ella preparó dos cocteles y fue bailando hasta donde Gabi.

«¡Salud!».

«Salud linda», dijo Gabi y le dio un beso pequeñito.

«¿Ya estás mejor?».

«Si, nada impedirá que esta noche sea la mejor», dijo Gabi, tomándola de la mano y alejándola de los equipos de sonido, llevándola hacia donde podían bailar mejor.

«¡Que buena canción!», afirmó la chica, quien comenzó a bailar despacio.

«Uffff», dijo Gabi, bailando y sonriendo.

Siguieron bailando, a veces se acercaban y se rozaban un poco, a veces se alejaban. Sabían que  tenían todo el tiempo del mundo y que nadie las podía interrumpir, estaban jugando y lo disfrutaban al máximo.

«¿Otro coctel?», preguntó ella.

«Si, gracias», respondió Gabi.

La chica rápidamente sirvió un par de cocteles más.

«¿Querés fumar?», preguntó Gabi.

«Dale».

Gabi fue por el "kit de humitos" y encendió un porro.

«Salud».

«A tu salud», dijo Gabi, quien le entregó el porro a su chica.

«Qué bueno saber que estamos solas», dijo ella, fumando un poco.

«¡Por fin!», dijo Gabi pícaramente, «Ahora si puedo hacer esto».

Gabi se agachó, dejó su coctel en el suelo y se acercó a ella, le puso una mano en la cintura y la otra en el cuello, la acercó hacia ella y la miró.  Ella sonreía, Gabi sintió como la respiración de ella se aceleró un poco y le dio un besito en la frente, otro entre las cejas, otro en la punta de la nariz, otro en cada mejilla, y de la última mejilla hizo el recorrido con besitos hasta llegar a su boca, donde apretó suavemente sus labios contra los de ella.

Así se quedó unos segundos, la volvió a mirar y vio que tenía sus ojos cerrados, la besó de nuevo, muy despacio, sintiendo como cada célula de sus labios y su lengua se iba despertando al contacto con su chica, quien comenzó a reaccionar despacio, tenía las manos ocupadas, pero intentó abrazarla.  Gabi comenzó a mover la mano que tenía en el cuello de su nena, recorriendo su cabeza y jugando con su pelo.

Se detuvieron y se miraron.

«Me muero, me muero por vos Gabi».

«No te podés morir, no sin mi», afirmó Gabi, besándola suavemente, «Me encanta tu pelo, se siente super bueno y me fascina el olor», «Me gusta tu boca, me gusta el sabor de tu boca», dijo de nuevo.

«¿Porro, cigarro, y alcohol?», preguntó la chica.

«Sabe a vos», dijo Gabi y la volvió a besar.

«A mí me gusta tu lengua, lo suave que es».

«La tuya es así también», dijo Gabi.

«¿Querés coctel?», la chica ofreció a Gabi del suyo, quien tomó un poco.  Gabi le pidió el porro y fumó una cantidad considerable.

«Abrí un poquito tu boca».

Ella obedeció y Gabi le introdujo parte del humo, luego la besó y el humo se perdió entre las dos.

La música seguía sonando, ellas seguían bailando, lo hacían de diferentes formas, pegadas,  dándose la espalda, de frente, una dando la espalda, giraban, se reían mucho, coqueteaban.  Ella admiraba las buenas canciones que había escogido su chica, se acariciaban, seguían tomando cocteles y no paraban los besos.  Jugando así pasaron mucho tiempo, pero Gabi en medio de una canción decidió hablar.

«Nena te quiero decir algo».

«¿Qué?», preguntó ella.

«Quiero hablarte de lo que pasó hace un rato»,  dijo, recogiendo su coctel del suelo.

«Dale, hablame».

«No sé si yo sea la indicada para decir esto, es más, creo que no lo soy, pero sé que lo tengo que sacar de mi sistema y como estás involucrada, pues te lo digo a vos».

«Ay Gabi, ¿qué pasa?», preguntó intrigada.

«Vos le gustás a Vale».

«¿Otra vez vos con esa boludez?».

«Nena escuchame, ¡Vale me lo dijo!  Por eso tenía esa cara, porque no sabe cómo decírtelo, y no sabía si la cagaría al enredarse con Leo».

«Pues eso no la amarró, igual se fue con él, ¿no?», dijo ella irónicamente, «¿Y vos qué le dijiste?».

«Que pensara si valía la pena saltar y decirte, que yo lo haría».

«De hecho vos lo hiciste.  ¿Pero es en serio? ¿Vale está loca?».

«Pues...», Gabi no supo que responder.

«No lo puedo creer...».

«¿Hice bien en decírtelo?», preguntó Gabi angustiada.

«Pues no sé, supongo que sí, ¿por eso tenías esa carita?».

«Si, es que me ralló un montón».

«Hiciste bien, confiaste en mi, ¿pero por qué la carita?».

«Porque me dio miedo, me sentí mal, sentí que engañaba a una amiga, y sentí que alguien nos podía dañar», explicó Gabi.

«Mmmm, a ver nena, escuchame bien, que me da pereza repetir...», dijo ella, tomó aire y continuó,  «Miedo no te debe dar, yo estoy enamorada de vos, no de Vale o alguien más.   Tuviste que engañar a tu amiga porque aún no es el momento de contarle a la gente lo que estamos viviendo.  Además, vos no tenés la culpa de lo que ella siente, es muy triste  para ella, pero llegó a un lugar ya ocupado, ¡irónicamente para ella, lo ocupás vos!», dijo  la chica de rojo con muchísima seguridad.

Gabi tenía los ojos tan abiertos que parecía que se fueran a escapar de sus cavidades.

«¿Estás qué?», preguntó con asombro.

«¿Te sorprende tanto?, ¿No lo veías venir?», preguntó ella sonriendo, aunque extrañada.

«Pfffffffffff», pronunció Gabi, quien sintió que explotó su interior, «¿Enamorada?», la verdad, no podía creerlo.

«Si Gabriela, estoy enamorada de vos.  Muy difícil no es entenderlo».

Gabi se sentía en shock, se tomó la mitad del coctel y volvió a ponerlo en el suelo. Inmediatamente se puso de pie, se lanzó sobre ella, y tomando su cara con las dos manos, le dio un beso muy fuerte, dejando la suavidad de lado.

Ella la detuvo, «¿Por qué te pusiste así?».

«¡Porque me acabaste de hacer la más feliz! ¡Es lo mejor que me has dicho!», dijo Gabi sonriendo, «¡Salud!».

Brindaron y siguieron bailando.

«¿Con que enamorada?, hoy me exploto», dijo Gabi, sonriendo y bailando con su chica recostada en ella.

«Así es».

«¿Esto es lo que se siente estar enamorada de alguien que siente igual?».

«Si, ¿se te había olvidado?».

«Es que de esta forma nunca lo había sentido.  Nunca creí mucho en los enamoramientos pasados, yo no confío tanto como vos».

«Pues bienvenida a una relación real con una chica que todos los días piensa tanto en vos, y en cómo hacerte feliz, que a veces se asusta».

«Me fascina vivir esto con vos», dijo Gabi, rozando los brazos de su chica con sus manos.

Volvieron a brindar porque sonó una canción que les gustaba muchísimo y se terminaron los cocteles, pero Gabi dijo que no quería más.  La chica se dirigió a la barra para dejar las copas, y Gabi se fue detrás, cuando las dejó, Gabi la giró y se paró frente a ella, la recostó  contra la barra y se recostó un poco sobre ella.  Comenzó a besarla, no aguantaba más y ya no tenía excusas para no dejarse llevar.

La besó por toda la cara, por el cuello, le besó los hombros y los brazos.  Ella tiró su cara hacia atrás y comenzó a recorrer con sus dedos la espalda medio descubierta de Gabi.

Gabi suavemente quitó las tiritas del vestido rojo que tanto había querido quitar, y mientras caían,  besaba la piel que quedaba descubierta.  Al frente suyo quedó el pecho de su chica, sin vestido, sin ropa alguna, sólo su piel.

«¡Puah, preciosa!», dijo Gabi.

Sus senos eran hermosos, más de lo que había imaginado, y por la excitación y el frío de  la terraza, sus pezones se estaban endureciendo.  Con sus manos temblorosas los empezó a tocar, suavemente.  Dibujaba sus formas con la punta de sus dedos y luego con sus labios, despacio, los humedecía un poco y la seguía recorriendo.  De vez en cuando besaba uno de sus pezones mientras con una mano acariciaba el otro.  Jugaba con ambos, los disfrutaba, los saboreaba, los besaba, no los quería dejar y sentía que ella estallaba.  Ella se movía despacio, pidiendo más, gemía y con cada sonido y cada movimiento, Gabi sentía que se iba a enloquecer.

Con sus manos luego empezó a acariciar los muslos de su chica, subiendo de vez en cuando el vestido, pero no la dejaba de besar, su cuello le fascinaba, su pecho le encantaba y no podía dejar de tocarla.

Una de sus manos subió hasta sus bragas y comenzó a bajarlas, despacio.

Se arrodilló frente a ella y cuando se las iba a quitar, la miró y preguntó, «¿Nos quedamos acá o vamos a tu habitación?».

«¡¡Vamos!!», logró decir la chica, quien con una mano sostenía su vestido rojo y con la otra llevaba a Gabi de la mano.

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