jueves, 29 de abril de 2010

Una noche de fiesta y un secreto - El 3


El 3

La casa de ella era bastante grande, sobre todo por la terraza, donde era la fiesta.  Allí, se sentaron en un par de sillas alejadas de la gente.

«Contá, ¡contá!», le dijo a Gabi emocionada.

«Cuando Vale llegó a tu habitación hace un rato, que vos y yo estábamos juntas, me empezó a preguntar si alguna vez me había gustado alguien y no sabía cómo decirle», dijo Gabi.

«Jaja pobrecita, ¿y lo de la chica?».

«Yo le dije que le dijera lo que sentía, pero me dijo que era complicado porque no era un chico.  Además es alguien que conocemos», continuó Gabi.

«Jaja me parto de risa, pobre Vale», ella no paraba de reír.

«No hagás eso, no te podés reír, vos sabés que es distinto decir esas cosas a una chica, es más difícil, ¿o no te acordás todas las vueltas que llevamos dando vos y yo para llegar hasta acá?». 
Gabi la miró seria y ella dejó de reírse.

«No te enojés vos, vení mejor dame un beso», dijo ella.

«¿Aquí?, ¿Estás loca?, al lado hay un montón de gente, tu familia, amigos, ¿querés que se den cuenta?...».

Y mientras Gabi hablaba, ella se le acercó rápidamente y le dio un beso corto.

«No se puede alegar con vos», dijo Gabi.

«No es eso.  Mirá, todos están allá entretenidos, nadie nos mira, si nos descubren, pues me vale, en algún momento se darán cuenta.  Además Gabi, ¿por qué me tengo que quedar quieta si me derretís?», preguntó ella.

«Tenés razón, pero nena, esto es una bomba, si se dan cuenta, yo no sé qué puede pasar y no quiero averiguarlo aún, yo no me quiero arriesgar, entonces quedate quieta, ¿por qué no pensamos quién puede ser la chica que le gusta a Vale?».

«Listo, aunque pobre Jose, ¡se le va a estallar el ego cuando sepa que su ex se volvió gay!».

«Ya lo superará... ¿Sabés? ¡Yo creo que vos sos la que le gusta a Vale!», dijo Gabi.

«Juaaaa, no, no nena, ¡vos sos muy grande! ¿De dónde sacás eso?».

«Me dijo que no era capaz de hablar con vos...», respondió Gabi.

«¿Y por eso se te ocurrió? Puede que le dé pena hablarme, no es fácil hablar de esto, tal vez porque siempre fui hetero, ¿no?».

«¡No! Ella habló conmigo, y sabés que he tenido más enredos que vos, ¡por eso no es nena! ¿Ella qué te dijo cuando te la llevaste?», preguntó Gabi.

«¡No mucho! Se la pasó hablando de lo divertida que estaba la fiesta, de lo linda de mi cadenita, de lo bien que nos quedan a vos y a mí los vestidos, de la bonita decoración de la terraza... No me dijo nada concreto, cuando le pregunté por qué tenía esa cara no dijo nada, dijo que no importaba y que estaría bien», dijo ella.

«Ah, es muy misteriosa.  Vení, vamos a ver a quien mira, vamos a ver que hace, a la chica la conocemos, entonces está acá», dijo Gabi con ánimo de espionaje.

«Podríamos... O… ¿por qué no mejor nos fumamos algo, nos relajamos, nos quedamos acá escondidas y nos parchamos?», propuso ella.

«¡Y yo que pensé que eras más chismosa! Claro que me encanta tu idea, voy a traer las cosas, esperame», Gabi se levantó de su silla, miró alrededor, se cercioró de que nadie estuviera mirando, se agachó y la besó, despacio.

Cada vez que sus labios y los de ella se juntaban sentía un corrientazo por dentro, algo que empezaba en su boca, iba al cerebro y terminaba por estremecer su cuerpo en el recorrido hasta los pies.  Le encantaba la sensación de suavidad que percibía cuando se tocaban sus lenguas.  Besarla era lo mejor que había hecho en su vida y estaba feliz de que cada vez que terminaba de besarla, era ella, y no alguien más quien estaba al frente suyo, como tantas veces había pasado.

«Mmm ¡deli!, esperame, no tardo mucho».

Pasaron 5 minutos y Gabi regresó, «Me preguntaron si te había visto y dije que no, ¡a ver si me dejan estar con mi nena a solas un rato por fin!».

«¿Tu nena?», ella aclaró su garganta.

«¿Qué pasa con eso?», preguntó Gabi con un tono un poco molesto, mientras le entregaba el "kit de humitos" como lo llamaban (contenía porro, encendedor y cigarros), un coctel y una chocolatina.

«Puah, sos grande, en serio, ¡gracias!  Falta de costumbre al título, eso es todo».

«¿Te molesta?», volvió a preguntar Gabi.

«Para nada, me gusta».

«¿Falta de costumbre decís? Jajaja que tonta sos, hace más de 1 año sos mi nena...», dijo Gabi inclinando su copa para brindar.
«Ya, pero antes era distinto Gabi, era sólo tu amiga, pero ahora el título encaja perfecto. ¡Salud!».

«Siempre ha encajado para mí, sólo que tardamos mucho en hacerte dar cuenta, ¡perdimos mucho tiempo!», dijo Gabi.

«No, no pensés eso...todo pasó como tenía que pasar para darnos cuenta que nos debemos esto y que es irremediable.  Hace dos años nunca hubiera besado una chica, vos tampoco, y mirá, hoy te besé a vos con todas las ganas de hacerlo.  Es el tiempo preciso», explicó ella.

«Se van a quedar paralizados cuando sepan que estamos juntas, ¿te imaginás las caras? Tu ex novio se va a enloquecer», dijo Gabi.

«Yo no quiero pensar en eso, él no me interesa, ¡se que por ejemplo me harán escándalo familiar!», dijo ella mientras encendía un cigarro.

«Que hagan lo que quieran, que haga cualquiera lo que quiera, que lloren y se enojen, que se escandalicen, mueran de envidia o nos sueñen, a mi me importás vos, y el resto se puede ir al carajo», dijo Gabi muy segura.

«No nos anticipemos, ya veremos qué pasa, por ahora, ¡salud!», ella siguió fumando, «¿Querés uno?», alcanzando el paquete a Gabi.

«Gracias bonita», encendió un cigarro y se tomaron de la mano.

«Un año nena, un año... ¿Sabés lo feliz que soy hoy?», preguntó Gabi.

«Lo sé.  Yo exploto, cada que te miro, te toco, te rozo, te siento, todo lo que viene de vos me gusta y me hace feliz, ¡esta es la mejor fiesta de la historia!».

«Todavía falta, aún puede ser mejor», dijo Gabi mientras encendía el porro... «¿Ves?», agregó, la miró y guiñó un ojo.

«¡Perfecto! Sos increíble Gabi...», dijo y comenzó a rozar su mano con la de ella, luego empezó a besar lo que tocaban sus dedos, despacio, un besito en cada dedo, suavecito. La miraba a los ojos y veía como disfrutaba lo que le hacía.

Mientras el porro se consumía, ella siguió jugando con su mano.

«¡Me gustaría tanto hacer esto con la seguridad de que no habrán interrupciones!», dijo.

«Ya pronto podremos hacer lo que queramos, siempre tendremos formas de escapar del mundo... Finalmente, somos amigas desde hace tanto tiempo que nadie peleará si pasamos mucho tiempo juntas», dijo Gabi, quien continuó con el juego mientras ella fumaba.

«¿Te puedo preguntar algo?».

«Claro, siempre podés preguntarme lo que querás», afirmó Gabi.

«¿Vos cómo supiste que yo te gustaba?».

«Jajaja ¿otra vez?», preguntó Gabi.

«Si, es que se me olvidó».

«¡Que mente de pollo tenés!», dijo Gabi riendo y la besó, robándose el humo que su amiga acababa de aspirar.

«¡Eeehhhh! ¡Enloqueceme, no te preocupés!», dijo ella, «¡Contame pues, la versión extendida me gusta mucho!», agregó.

«¿Hace cuánto tiempo nos conocimos?», preguntó Gabi.

«3 años», respondió ella.

«Bueno, pues mirá...Cuando te conocí vos salías con el primo de mi novio.  Ese día te oí hablar, te vi tan linda, eras tan interesante y divertida, que pensé que me gustaría ser tu amiga.  A los meses lo dejaste y él se la pasaba hablándome de vos, de lo buena que eras y lo mucho que te extrañaba, yo le daba la razón porque te conocí un poquito, y me daba pesar por él, pero realmente era un tonto.  Desapareciste durante unos meses, ¿te acordás? Luego ese día que yo estaba en el mall con Andre te vi sentada tomando café con tu novio y me puse super contenta, nos acercamos, nos presentaste a tu novio y nos invitaste a tomar café con ustedes. Ahí recordé lo parchada que eras, y que eras linda.  ¿Te acordás que me pediste el teléfono para que saliéramos por ahí? Si no lo hubieras hecho vos, lo hubiera hecho yo, ese día sentí algo raro, pero supuse que era la emoción de volverte a ver de forma inesperada.  Nos reímos un montón y bueno, tu novio era muy lindo, una lástima que te haya perdido, lástima por él digo.  De ahí en adelante vos y yo empezamos a salir bastante, yo cambiaba mucho de chico y vos seguías con Carlos, ¿te acordás que me regañabas por ser tan inestable con los chicos? Bueno, pues un día me senté a pensar y concluí que ninguno me hacía feliz mucho tiempo, todo era muy momentáneo, ninguno me llenaba, y cuando te llamé para contarte lo que había concluido, me dijiste que estabas cerca de mi casa y que tenías muchas ganas de verme. Al llegar, te abrí la puerta y te vi bajarte del coche, quitarte las gafas y acercarte a mí con esa falda y esa camisita, y algo dentro de mí se sacudió y salí casi corriendo a saludarte. Todo se me fue al suelo, yo era una chica muy convencida de mi gusto por los chicos, pero una amiga me había hecho desmoronar al verla y me estaba haciendo sentir cosas muy raras, me hacía muy feliz y quería pasar mucho tiempo con ella.  Un rollo nena, realmente vos siempre me impresionaste, pero hace mucho más un año yo empecé a pensar que no sería malo estar con vos, y te empecé a ver de otra forma, a pensar en vos distinto, y bueno, todo cambió... ¡Fue muy difícil porque vos seguías feliz con el boludo de Carlos y yo chiflándome sin saber que hacer! Me daban celos, te quería besar, decirte cosas, tratarte como mi chica, pero todo era nuevo y muy loco, la verdad me confundiste un montón», relató Gabi.

«¡Me encanta!… ¡Me encantás Gabi, que rico que fuiste capaz de hablar!», dijo ella, «¡Mirá donde estamos ahora! Valió la pena lo que vivimos, ¿verdad?», preguntó.

«Sí, aunque hubiera preferido no tener que aguantar tanto, a veces me provocaba mandar a Carlos al carajo o a vos...», confesó Gabi.

Ella revisó que nadie estuviera alrededor, «Me hubiera enloquecido sin vos, ¿Por qué no se van ya todos?», preguntó.

«Paciencia bonita, paciencia», dijo Gabi.

«¿Ah sí? A ver si tenés paciencia vos, sintiendo lo que yo», dijo retando a Gabi.

«Estoy segura que ya aguanté lo peor», respondió Gabi con orgullo.

«¡Listo!», dijo ella.

Se levantó de su silla y se sentó sobre Gabi, de lado, mirándola, sus caras quedaron muy cerca.  Empezó a rozar sus brazos con la punta de los dedos, desde las manos hasta los hombros, subía y bajaba, despacio, casi sin tocarla.  A veces cuando llegaba a los hombros, subía por el cuello y le acariciaba la cara, la nuca y lo que la silla permitía tocar de la espalda.

Despacio comenzó a darle pequeños besitos en la boca, las mejillas, la nariz y la frente.  Se estaba tomando su tiempo, a estas alturas parecía no importarle que apareciera su familia entera.  Nada la detenía, Gabi gemía suavecito de vez en cuando y ella continuó besando su cuello, sus orejas, sus hombros, sus brazos, volvía a subir y hacía de nuevo el recorrido.

«Pará nena, que no voy a controlarme mucho tiempo, mirá donde estamos, no sigás...», la intentó interrumpir Gabi, pero ella seguía.

«¿Qué pasó con tu paciencia?», dijo la chica pícaramente, mientras continuaba besándola.

«¡Necia!, no es muy fácil aguantar con vos», a Gabi se le quebraba la voz.  Se le ocurrió que si la hacía hablar, pararía de besarla.  Le daba mucho miedo que las descubrieran, ya habían pasado mucho tiempo alejadas de la fiesta y no sería extraño que alguien más llegara a ese lugar.

«¿Te puedo preguntar algo?», intentó interrumpirla Gabi.

«Ajá», dijo ella, quien continuó jugando.

«¿Qué pasó en vos cuando te diste cuenta que yo quería estar con vos?».

«Me dio miedo.  Me sentí ajena, como si no supiera quién era mi amiga, no sabía qué debía hacer o cómo actuar.  Me sentía rara.  Luego empezó a pasar una cosa super extraña, soñaba con vos, pensaba en vos muchísimo más, incluso estando con Carlos, y empecé a pensar que tal vez no sería tan malo darte un beso para ver qué pasaba.  Te veía a veces de forma diferente, lo que me dijiste me dejó pensando muchísimo.  Tiempo después, Carlos se volvió muy celoso de vos, peleábamos por todo y por nada y todo se empezó a desmoronar.  Ahí fue cuando luego de una lucha interna de preguntarme cosas, decidí concebir la idea, y ahora no me imagino dejar de besarte...», dijo la chica, que a veces paraba de hablar para besarla, o le hablaba mientras la seguía acariciando y besando.

«Me alegra haber sido capaz de hablar», dijo Gabi, mientras le acariciaba la espalda, «Nena volvamos a tu fiesta, pará porfa, pará... ¿No querés bailar?».

«Si, pero es que no me puedo despegar de vos», respondió ella.

«Primero parate, después nos arreglamos un poquito, y nos vamos».

«Noup, falta algo... », cogió la chocolatina, «¡Mirá!».

Se comieron el chocolate, se dieron besitos unos minutos más y luego de relajarse, hicieron lo que dijo Gabi.

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