viernes, 16 de abril de 2010

Te miro mientras dormís...

Dormís...
Hace aproximadamente 1 hora te vi cerrar los ojos.  El cansancio y un buen nivel de fiesta te vencieron y te obligaron a terminar nuestra conversación (muy parchada si me preguntás), para irte al Onírico.

Te miro.  No puedo hacer otra cosa que mirarte, parecés un angelito, ahí, sin mayor movimiento que el de tu respiración moviendo las mantas.  A veces te movés más, como si fueras a darte vuelta y darme la espalda, y estirás los brazos, pero volvés a la misma posición, con las manos debajo de tu cuello.  Dormís parecido a la forma como lo hago yo, ¿sabías eso?  Hace muchísimo tiempo no te veía dormir, ahora que lo hago de nuevo, recuerdo lo mucho que me gustaba.  Me sentaba a escribir mientras dormías y me encantaba, eran momentos perfectos para hacerlo.  Además, me imaginaba con qué estarías soñando, si estarías descansando, o si te despertarías a reírte de mi locura por quedarme despierta.

Uaj! Que cosa más chimba sos!  Los vodkas que nos tomamos, más el que me estoy tomando ahora, me hacen pensar que podría quedarme muchísimo tiempo mirándote, sos el paisaje más soñado y no se me ocurre una forma mejor de pasar esta noche que en tu compañía (así vos no te estés dando cuenta).

Antes de dormir me dijiste que te enamoraste, de mí.  Antes de dormir me dijiste que me querés a tu lado... ¿Sabés cuánto quisiera yo poder pasar más tiempo con vos?  No es contable, es grande, como el Sol.  Yo soy uno de tus sueños y vos, sin duda, te volviste uno de los míos.  Hacernos realidad es una de esas cosas por las que vale la pena esta vida, loca.  (Y las que sean necesarias).

Decir que estoy enamorada de vos no es justo...
Decir que todo con vos es un espectáculo delicioso no es suficiente...
Que usualmente seás la primer persona y la última que en el día navega en mi cabeza no es raro. 
Despertar con vos a horas extrañas, no dormir, acostarme a horas incluso más extrañas no es sacrificio alguno, es disfrutar la vida a tu lado.

Cambiamos, ¡mucho!  No somos lo que fuimos, sin miedo lo acepto.  Pero algo permanece invariable, que vos y yo nos sabemos amoldar para darnos felicidad.  No me tiembla la voz para decirte que te quiero a mi lado hasta que se me acaben los días, batallando contra las patadas de las realidades.  Ahora no me alcanzo a imaginar muy bien que lo que vos y yo estamos construyendo puede tambalear, (no niego que puede pasar, pero lo dudo) porque esto es muy distinto, puro, limpio y absolutamente sincero.

¿Sabés?  Incluso cuando dormís sos como los rayitos del Sol...Me inyectás energía, me provocás sonrisas y me hacés saltar el corazón.

¡Hasta la próxima Sol de mi vida!

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