jueves, 29 de abril de 2010

Una noche de fiesta y un secreto - El 1


Advertencia: Contenido explícito, dudo mucho que esta historia sea apta para todo público. (jajaja).
El 1

«No sabés las ganas que tenía de tenerte así», le dijo a Gabi mientras la tenía recostada contra la pared.  Con sus manos recorría su cara y sentía como las manos de ella la tomaban de la cintura. Estaba a punto de darle un beso.  Temblaban, desde los pies hasta la cabeza, pero estaban seguras que después de tanto tiempo de ser amigas, estar juntas era exactamente lo que querían.

«Nos van a descubrir, afuera están tus amigos y tu familia», dijo Gabi.

«Que les den», respondió ella mientras aseguraba la puerta.

Con la mano que había usado para poner el seguro le delineó los labios, despacio, y mientras lo hacía le dibujaba una sonrisa.

«¿Estás segura?», le preguntó.

Gabi le quitó una de sus manos de la cintura y se la puso detrás del cuello, le acercó su cara y la besó, dejó sus labios unidos a los de ella durante unos segundos y se apartó.

«¿Todavía querés saber si estoy segura?», dijo Gabi y se rió.

Ella la miró, sonrió y la besó, muy despacio.  Sentía en cada movimiento que podría pasar siglos haciéndolo y lo disfrutaba. 
Todo daba vueltas y en su estómago algo se encogía, no podía creer que por fin la tenía y que sus manos estaban tocando el pelo, el cuello y la espalda de la única chica que le había gustado en su vida.

Luego de unos minutos se separaron y al abrir los ojos se miraron, ambas tenían los ojos muy brillantes, y sonrieron.

«No lo puedo creer, ¡que delicia!», dijo ella.

«Yo creo que me voy a desmayar», dijo Gabi, quien tampoco había estado con una chica antes y con su historial de chicos, no era muy probable que algún día fuera a vivir algo como lo que estaba viviendo con su amiga.

«Jajaja, esto es lo mejor que me ha pasado, vos sos lo mejor que me ha pasado», le dijo a Gabi.

«Sos increíble nena, que susto tengo, pero me siento feliz», dijo Gabi mientras le tomaba una mano a su amiga y la ponía en su pecho, «¡Mirá, tengo el corazón a mil!».

«¿Por qué? ¡Ni que me hubieras besado!», dijo ella riendo e inmediatamente la volvió a besar, pero esta vez no fue tan lento, esta vez fue como si le quisiera robar el aliento y quedárselo para siempre, si sentía que sus piernas temblaban, las quería hacer derretir, y si por ella hubiera sido, nunca se hubiera separado, pero tocaron la puerta.

«¿Qué pasa?», preguntó frenéticamente mientras miraba a Gabi y con sus labios dibujaba un "WOW" en el aire.

«Soy yo, Vale, abrime».

«¿Qué querés?», preguntó la chica.

«Hace rato estoy buscando a Gabi, ¿está con vos?».

Abrió los ojos y miró a Gabi, con la mirada de desilusión que tiene un niño cuando le quitan lo que quiere.

«¿Qué querrá?», susurró Gabi.

«Ni idea».

«Ah, abrile y así más rápido se va», dijo Gabi alegando.

Gabi se sentó en la cama de su amiga, se organizó un poco y le asintió para que abriera.

«¡Hey, aquí estás! Te he buscado por todo lado».

«Hola Vale, ¿no era lógico que estuviera con ella?, no buscás bien, ¿qué pasa?».

«Necesito hablar con vos. Nena, ¿nos dejás solas por favor?, andá que afuera todos están preguntando por vos», dijo Vale mirando a su amiga, quien a su vez miró a Gabi.

Gabi encogió los hombros y le dijo, «Dale, apenas hable con ella te busco para seguir hablando del asunto ese».

Ella se fue, no muy contenta, pero afuera había una fiesta para ella y no era tan malo disfrutar con los demás.

Dentro de la habitación, Vale se sentó junto a Gabi y le dijo que quería hablar sobre su amiga.

«Gabi, ¿sabés si algo le pasa a la nena? Está muy rara desde hace días, ¿tiene chico nuevo?».

«No, no sé si algo le pasa, tampoco sé si tiene chico nuevo, la verdad conmigo está como siempre», dijo Gabi.

«Algo tiene y no lo quiere hablar, o veo que sólo con vos, ¿cuál es el asunto del que van a seguir hablando cuando yo me vaya?, tiene que ser importante para hablarlo acá encerradas y lejos de todos», indagó Vale.

«Vale, no es nada raro, además no te voy a contar algo que no es mío, si querés saber que le pasa a ella, preguntale vos».

«Es que... No puedo».

«¿No podés?, ¿qué te pasa a vos?, ¿cómo no podés hablarle a ella?, es tu amiga también, ¿no?», dijo Gabi mirando a Vale y vio que tenía los ojos aguados.

«¿Sabés qué?, olvidalo, si vos decís que no le pasa nada, te creo...», se iba a poner de pie, pero Gabi la tomó del brazo y la devolvió.

«¿A vos qué te pasa Vale?, vos sí que estás rara...», le puso una mano en el hombro, «Dale nena hablame, ¿para qué hiciste ir a la nena?, aprovechá que acá no hay nadie».

Vale miraba hacia abajo, como pensativa.

«Vos has tenido muchos chicos, ¿verdad?», preguntó por fin Vale, mirando a Gabi.

«Muchos no es una palabra que me guste usar para eso, pero sí, he estado con varios chicos, ¿por qué? Aaaaahhhh, ¡es un asunto de chicos!, a ver, aquí si te puedo ayudar, ¿qué pasa?.. », dijo Gabi sonriendo.

La verdad tenía mucha experiencia en el tema, era muy bonita y con su personalidad, era una mezcla de alta combustión, una chica muy atractiva.

«¿Alguna vez te ha gustado alguien y no sabés cómo decirle, o qué hacer para que se dé cuenta?».

«¡Claro! Montones de veces me ha pasado, ¿por eso estás así? Noooo, no vale la pena esa carita, vení solucionemos tu problema, a ver contame, ¿se quién es?».

Vale movió su cabeza dando una respuesta afirmativa.

«¿Has intentado decirle que te gusta?».

«No...».

«¿Por qué no?», indagó Gabi.

«Es un poco complicado».

«¿Sabés? A veces nos pasamos el tiempo pensando en la mejor forma de decir las cosas, cuando es más sencillo decirlas y ya, como quitar una curita, cerrás los ojos, tomás aire y lo soltás», dijo Gabi sonriendo.

«No, yo no soy capaz».

«¿Pero por qué no?», preguntó Gabi explosivamente.

«Porque no es un chico...».

Gabi abrió los ojos y algo por dentro, sin saber por qué, se sacudió.  Cuando iba a preguntar quién era abrieron la puerta.

Era Jose, amigo de las chicas.

«¿Qué hacen acá? ¡Se están perdiendo la fiesta de su amiga!».

Entró a la habitación y tomó a Vale de la mano, levantándola.

«¡Nena vamos a bailar que está sonando tu canción!».

Vale miró a Gabi, le hizo señas para que no dijera nada y se fue con Jose.

Gabi se quedó sentada en la cama, pensando en todo lo que había pasado en la última hora...

Una noche de fiesta y un secreto - El 2

El 2

Cuando Gabi salió a la fiesta después de un buen rato, vio a su amiga bailando con varios chicos a su alrededor.  «Se ve hermosa en ese vestido» pensó.  Decidió ir por un coctel y se sentó a ver la gente que bailaba.

Ella la vio sentada, le guiñó un ojo y siguió bailando, luego le hizo señas para que se uniera a ella y los demás, pero Gabi prefirió quedarse sentada, disfrutando su coctel y la vista.  Le gustaba muchísimo ver a su amiga bailar, lo hacía muy bien.  También vio a Vale, bailando con otro chico, pensó en quién podría gustarle y luego se rió, sola, cuando recordó la escena que había vivido con su amiga antes de ser interrumpidas.

Varios minutos después vio a su amiga acercarse a ella.

«¿Te conozco?, es que te vi desde donde estaba bailando y pensé wow, esa nena tan linda y sola, voy a rescatarla».

«Jajaja vos estás loca, ¿sabés eso?», dijo Gabi riéndose.

«Si, por vos...», le sonrió y la tomó de las manos, «Vení bailá conmigo, ¡celebremos!, hay mucho que celebrar, ¿no creés?».

Gabi sonrió, se levantó y la siguió.  Había mucha gente bailando, mientras caminaban, Gabi se le acercó al oído y le susurró que estaba muy linda y que le quería dar besitos, ella giró sonriendo sin decir nada, pero la miró y con eso le bastó a Gabi para entender que ella también quería.

Se abrieron paso entre la multitud y empezaron a bailar, solas.  Daban vueltas, sonreían, se tocaban los brazos, rozaban sus cuerpos, era bastante sensual la forma como bailaban juntas, y a pesar de que muchos las miraban, no les importó, se veían radiantes, las dos eran hermosas y no era raro verlas bailar así, por lo que estaban un poco acostumbradas a las miradas.

«¡Vámonos, vámonos ya!», dijo Gabi al cabo de unos minutos, pero ella dijo que no podía irse tan pronto, que se quedaran bailando un rato más y luego se irían.

«Me voy con vos al lugar que querás, pero quedate bailando conmigo, me encanta lo que estoy sintiendo», dijo ella.

«¿Qué estás sintiendo?", preguntó Gabi mientras le tomaba ambas manos y la miraba a los ojos, sin dejar de moverse.

«¡Alegría, siento que me voy a explotar, que no puedo contener tanta felicidad! Mirá, ¡esto es perfecto! Estoy bailando con una chica super linda, hace un rato la besé, alrededor hay un montón de gente que nos mira y no saben nada, la música está buenísima, el ambiente es genial, ¡todo!».

«Qué bueno que estás disfrutando tu fiesta, que feliz verte así hoy, ¡hoy es tu día!».

«¿Sabés qué quisiera?», preguntó la chica.

«Pedilo, hoy tenés derecho a muchos deseos», respondió Gabi.

«Quisiera que las luces fueran iguales, la música no parara, seguir bailando con vos, pero que nadie estuviera alrededor, que estuviéramos solas».

«¿Pero no dijiste que te gusta que nos miren? ¿Ves lo loquita que sos?».

«Me encanta que miren, pero más me gustaría poder acercarme a vos, poner mis manos en tus piernas y empezar a subirlas, despacio, jugar con vos, darte besos, acariciarte, abrazarte, decirte mil cosas y hacerte un millón más».

Gabi aclaró su garganta, sintió como por dentro algo se movía a mil revoluciones por minuto.

Por fin dijo, «Aquí nos quedaremos hasta que todos se vayan, no te preocupés por el dj que yo me encargo y seguiremos bailando, y luego...Veremos si podés hacer conmigo lo que querés... Pero por ahora...».

La cogió de una mano y se la llevó, caminando muy rápido.  Ella le dijo que esperara pero Gabi la ignoró y la volvió a entrar a la habitación, pero esta vez cerró con seguro la puerta y la llevó hasta el baño, puerta que también aseguró.

«De acá no nos saca nadie», dijo y la miró.

Ella sonrió y se le fue encima, dándole un beso intenso mientras la llevaba hasta la puerta del armario, la recostó y comenzó a subir su mano por una pierna, levantando a su paso el vestido azul y llegando hasta las bragas.  Su mano se detuvo, paró de besarla y la miró, «Si por mi fuera te quitaba ya la ropa y te hacía de todo, pero así no es como lo he imaginado», dijo ella, muy agitada.

Gabi respiró profundo, sonrió y dijo, «¿Quién te dijo a vos que yo te traje hasta acá para hacerlo?, yo te traje porque afuera cuando me dijiste eso, sentí que si no te besaba de inmediato me iba a morir.  Así tampoco me lo he imaginado, y creeme que lo he pensado un montón.  Pero ¿quién te mandó a ser tan deliciosa? Es que no puedo parar de besarte».

Y la besó despacio, pero unos instantes después, se estaban besando con mucha fuerza, como si con ese beso se pudieran fundir.

«Puah nena pará, ¡¡pará!!», dijo ella.

«Si, tenés razón, vamos afuera, ¡a bailar!», dijo Gabi sonriendo.

Antes de salir de la habitación, Gabi sacó de su bolso una cajita de regalo y se la entregó, «Abrilo, este es mi regalo».  Adentro había una cadenita, pequeñita, de oro blanco.  Gabi se la puso a la chica.

«¡¡Heeey, es hermosa, me encanta nena, gracias!!», dijo y le dio un besito.

Gabi contestó «Que bueno que te gustó, ¿Estás lista?», se organizaron un poco y salieron.

Cuando abrieron la puerta, notaron que Vale estaba mirándolas junto con Leo.  Sin prestarles mucha atención se fueron a tomar un shot y luego a bailar, pero esta vez no lo hicieron solas, Vale y Leo se unieron a ellas.

«¿Qué pasa con ustedes?», preguntó Leo, «Salieron corriendo a la habitación y se quedaron ahí un buen rato».

«¡Estás muy pendiente! Gabi me estaba dando su regalo, miren, es hermosa, ¿verdad?», les mostró el obsequio.

«Qué linda Gabi», dijo Leo.

Ella miró a Vale, «¿Vale, te pasa algo, estás bien?», le preguntó.

«Si nenita, todo bien».

«Pues algo te pasa, no tenés buena cara», replicó ella, se acercó a Vale y la abrazó, «Vení tomémonos un trago, es mi fiesta, animate!...Chicos, me la robo».  Y se la llevó a la barra.

«Que linda se ve, está muy contenta», le dijo Leo a Gabi.

«¿Linda? ¡No! ¡Espectacular!», respondió y al ver la cara de asombro de Leo, cambió el tema y preguntó, «¿Vos sabés que tiene Vale?».

«No, está rara pero a mí no me ha dicho nada, vos sabés como es ella».

«Yo creo que alguien le gusta y no sabe como decirle».

«Noooo, ¿eso? Vaya tontería, ¿te dijo quién?».

«No, no alcanzó a decirme, Jose se la llevó a bailar».

«Bueno, pues ya lo sabremos, las mujeres están locas, se complican la vida con tonterías», dijo Leo.

Siguieron bailando, mientras tanto en la barra, ella intentaba averiguar lo que pasaba con su amiga, pero esta evadía las preguntas.  Luego de varios shots, abrazos y besitos en la frente, la chica del vestido rojo volvió con su amiga a bailar.

«Vale no me contó nada», le dijo ella a Gabi en el oído.

«Yo sé que le gusta alguien y no sabe como decirlo, y ese alguien es una nena».

«Queeeeeeee, no te creo», dijo ella riendo, miró a Vale, quien la estaba mirando.

«Shhh pasito neni, vení te cuento», y se alejaron de sus amigos.

Una noche de fiesta y un secreto - El 3


El 3

La casa de ella era bastante grande, sobre todo por la terraza, donde era la fiesta.  Allí, se sentaron en un par de sillas alejadas de la gente.

«Contá, ¡contá!», le dijo a Gabi emocionada.

«Cuando Vale llegó a tu habitación hace un rato, que vos y yo estábamos juntas, me empezó a preguntar si alguna vez me había gustado alguien y no sabía cómo decirle», dijo Gabi.

«Jaja pobrecita, ¿y lo de la chica?».

«Yo le dije que le dijera lo que sentía, pero me dijo que era complicado porque no era un chico.  Además es alguien que conocemos», continuó Gabi.

«Jaja me parto de risa, pobre Vale», ella no paraba de reír.

«No hagás eso, no te podés reír, vos sabés que es distinto decir esas cosas a una chica, es más difícil, ¿o no te acordás todas las vueltas que llevamos dando vos y yo para llegar hasta acá?». 
Gabi la miró seria y ella dejó de reírse.

«No te enojés vos, vení mejor dame un beso», dijo ella.

«¿Aquí?, ¿Estás loca?, al lado hay un montón de gente, tu familia, amigos, ¿querés que se den cuenta?...».

Y mientras Gabi hablaba, ella se le acercó rápidamente y le dio un beso corto.

«No se puede alegar con vos», dijo Gabi.

«No es eso.  Mirá, todos están allá entretenidos, nadie nos mira, si nos descubren, pues me vale, en algún momento se darán cuenta.  Además Gabi, ¿por qué me tengo que quedar quieta si me derretís?», preguntó ella.

«Tenés razón, pero nena, esto es una bomba, si se dan cuenta, yo no sé qué puede pasar y no quiero averiguarlo aún, yo no me quiero arriesgar, entonces quedate quieta, ¿por qué no pensamos quién puede ser la chica que le gusta a Vale?».

«Listo, aunque pobre Jose, ¡se le va a estallar el ego cuando sepa que su ex se volvió gay!».

«Ya lo superará... ¿Sabés? ¡Yo creo que vos sos la que le gusta a Vale!», dijo Gabi.

«Juaaaa, no, no nena, ¡vos sos muy grande! ¿De dónde sacás eso?».

«Me dijo que no era capaz de hablar con vos...», respondió Gabi.

«¿Y por eso se te ocurrió? Puede que le dé pena hablarme, no es fácil hablar de esto, tal vez porque siempre fui hetero, ¿no?».

«¡No! Ella habló conmigo, y sabés que he tenido más enredos que vos, ¡por eso no es nena! ¿Ella qué te dijo cuando te la llevaste?», preguntó Gabi.

«¡No mucho! Se la pasó hablando de lo divertida que estaba la fiesta, de lo linda de mi cadenita, de lo bien que nos quedan a vos y a mí los vestidos, de la bonita decoración de la terraza... No me dijo nada concreto, cuando le pregunté por qué tenía esa cara no dijo nada, dijo que no importaba y que estaría bien», dijo ella.

«Ah, es muy misteriosa.  Vení, vamos a ver a quien mira, vamos a ver que hace, a la chica la conocemos, entonces está acá», dijo Gabi con ánimo de espionaje.

«Podríamos... O… ¿por qué no mejor nos fumamos algo, nos relajamos, nos quedamos acá escondidas y nos parchamos?», propuso ella.

«¡Y yo que pensé que eras más chismosa! Claro que me encanta tu idea, voy a traer las cosas, esperame», Gabi se levantó de su silla, miró alrededor, se cercioró de que nadie estuviera mirando, se agachó y la besó, despacio.

Cada vez que sus labios y los de ella se juntaban sentía un corrientazo por dentro, algo que empezaba en su boca, iba al cerebro y terminaba por estremecer su cuerpo en el recorrido hasta los pies.  Le encantaba la sensación de suavidad que percibía cuando se tocaban sus lenguas.  Besarla era lo mejor que había hecho en su vida y estaba feliz de que cada vez que terminaba de besarla, era ella, y no alguien más quien estaba al frente suyo, como tantas veces había pasado.

«Mmm ¡deli!, esperame, no tardo mucho».

Pasaron 5 minutos y Gabi regresó, «Me preguntaron si te había visto y dije que no, ¡a ver si me dejan estar con mi nena a solas un rato por fin!».

«¿Tu nena?», ella aclaró su garganta.

«¿Qué pasa con eso?», preguntó Gabi con un tono un poco molesto, mientras le entregaba el "kit de humitos" como lo llamaban (contenía porro, encendedor y cigarros), un coctel y una chocolatina.

«Puah, sos grande, en serio, ¡gracias!  Falta de costumbre al título, eso es todo».

«¿Te molesta?», volvió a preguntar Gabi.

«Para nada, me gusta».

«¿Falta de costumbre decís? Jajaja que tonta sos, hace más de 1 año sos mi nena...», dijo Gabi inclinando su copa para brindar.
«Ya, pero antes era distinto Gabi, era sólo tu amiga, pero ahora el título encaja perfecto. ¡Salud!».

«Siempre ha encajado para mí, sólo que tardamos mucho en hacerte dar cuenta, ¡perdimos mucho tiempo!», dijo Gabi.

«No, no pensés eso...todo pasó como tenía que pasar para darnos cuenta que nos debemos esto y que es irremediable.  Hace dos años nunca hubiera besado una chica, vos tampoco, y mirá, hoy te besé a vos con todas las ganas de hacerlo.  Es el tiempo preciso», explicó ella.

«Se van a quedar paralizados cuando sepan que estamos juntas, ¿te imaginás las caras? Tu ex novio se va a enloquecer», dijo Gabi.

«Yo no quiero pensar en eso, él no me interesa, ¡se que por ejemplo me harán escándalo familiar!», dijo ella mientras encendía un cigarro.

«Que hagan lo que quieran, que haga cualquiera lo que quiera, que lloren y se enojen, que se escandalicen, mueran de envidia o nos sueñen, a mi me importás vos, y el resto se puede ir al carajo», dijo Gabi muy segura.

«No nos anticipemos, ya veremos qué pasa, por ahora, ¡salud!», ella siguió fumando, «¿Querés uno?», alcanzando el paquete a Gabi.

«Gracias bonita», encendió un cigarro y se tomaron de la mano.

«Un año nena, un año... ¿Sabés lo feliz que soy hoy?», preguntó Gabi.

«Lo sé.  Yo exploto, cada que te miro, te toco, te rozo, te siento, todo lo que viene de vos me gusta y me hace feliz, ¡esta es la mejor fiesta de la historia!».

«Todavía falta, aún puede ser mejor», dijo Gabi mientras encendía el porro... «¿Ves?», agregó, la miró y guiñó un ojo.

«¡Perfecto! Sos increíble Gabi...», dijo y comenzó a rozar su mano con la de ella, luego empezó a besar lo que tocaban sus dedos, despacio, un besito en cada dedo, suavecito. La miraba a los ojos y veía como disfrutaba lo que le hacía.

Mientras el porro se consumía, ella siguió jugando con su mano.

«¡Me gustaría tanto hacer esto con la seguridad de que no habrán interrupciones!», dijo.

«Ya pronto podremos hacer lo que queramos, siempre tendremos formas de escapar del mundo... Finalmente, somos amigas desde hace tanto tiempo que nadie peleará si pasamos mucho tiempo juntas», dijo Gabi, quien continuó con el juego mientras ella fumaba.

«¿Te puedo preguntar algo?».

«Claro, siempre podés preguntarme lo que querás», afirmó Gabi.

«¿Vos cómo supiste que yo te gustaba?».

«Jajaja ¿otra vez?», preguntó Gabi.

«Si, es que se me olvidó».

«¡Que mente de pollo tenés!», dijo Gabi riendo y la besó, robándose el humo que su amiga acababa de aspirar.

«¡Eeehhhh! ¡Enloqueceme, no te preocupés!», dijo ella, «¡Contame pues, la versión extendida me gusta mucho!», agregó.

«¿Hace cuánto tiempo nos conocimos?», preguntó Gabi.

«3 años», respondió ella.

«Bueno, pues mirá...Cuando te conocí vos salías con el primo de mi novio.  Ese día te oí hablar, te vi tan linda, eras tan interesante y divertida, que pensé que me gustaría ser tu amiga.  A los meses lo dejaste y él se la pasaba hablándome de vos, de lo buena que eras y lo mucho que te extrañaba, yo le daba la razón porque te conocí un poquito, y me daba pesar por él, pero realmente era un tonto.  Desapareciste durante unos meses, ¿te acordás? Luego ese día que yo estaba en el mall con Andre te vi sentada tomando café con tu novio y me puse super contenta, nos acercamos, nos presentaste a tu novio y nos invitaste a tomar café con ustedes. Ahí recordé lo parchada que eras, y que eras linda.  ¿Te acordás que me pediste el teléfono para que saliéramos por ahí? Si no lo hubieras hecho vos, lo hubiera hecho yo, ese día sentí algo raro, pero supuse que era la emoción de volverte a ver de forma inesperada.  Nos reímos un montón y bueno, tu novio era muy lindo, una lástima que te haya perdido, lástima por él digo.  De ahí en adelante vos y yo empezamos a salir bastante, yo cambiaba mucho de chico y vos seguías con Carlos, ¿te acordás que me regañabas por ser tan inestable con los chicos? Bueno, pues un día me senté a pensar y concluí que ninguno me hacía feliz mucho tiempo, todo era muy momentáneo, ninguno me llenaba, y cuando te llamé para contarte lo que había concluido, me dijiste que estabas cerca de mi casa y que tenías muchas ganas de verme. Al llegar, te abrí la puerta y te vi bajarte del coche, quitarte las gafas y acercarte a mí con esa falda y esa camisita, y algo dentro de mí se sacudió y salí casi corriendo a saludarte. Todo se me fue al suelo, yo era una chica muy convencida de mi gusto por los chicos, pero una amiga me había hecho desmoronar al verla y me estaba haciendo sentir cosas muy raras, me hacía muy feliz y quería pasar mucho tiempo con ella.  Un rollo nena, realmente vos siempre me impresionaste, pero hace mucho más un año yo empecé a pensar que no sería malo estar con vos, y te empecé a ver de otra forma, a pensar en vos distinto, y bueno, todo cambió... ¡Fue muy difícil porque vos seguías feliz con el boludo de Carlos y yo chiflándome sin saber que hacer! Me daban celos, te quería besar, decirte cosas, tratarte como mi chica, pero todo era nuevo y muy loco, la verdad me confundiste un montón», relató Gabi.

«¡Me encanta!… ¡Me encantás Gabi, que rico que fuiste capaz de hablar!», dijo ella, «¡Mirá donde estamos ahora! Valió la pena lo que vivimos, ¿verdad?», preguntó.

«Sí, aunque hubiera preferido no tener que aguantar tanto, a veces me provocaba mandar a Carlos al carajo o a vos...», confesó Gabi.

Ella revisó que nadie estuviera alrededor, «Me hubiera enloquecido sin vos, ¿Por qué no se van ya todos?», preguntó.

«Paciencia bonita, paciencia», dijo Gabi.

«¿Ah sí? A ver si tenés paciencia vos, sintiendo lo que yo», dijo retando a Gabi.

«Estoy segura que ya aguanté lo peor», respondió Gabi con orgullo.

«¡Listo!», dijo ella.

Se levantó de su silla y se sentó sobre Gabi, de lado, mirándola, sus caras quedaron muy cerca.  Empezó a rozar sus brazos con la punta de los dedos, desde las manos hasta los hombros, subía y bajaba, despacio, casi sin tocarla.  A veces cuando llegaba a los hombros, subía por el cuello y le acariciaba la cara, la nuca y lo que la silla permitía tocar de la espalda.

Despacio comenzó a darle pequeños besitos en la boca, las mejillas, la nariz y la frente.  Se estaba tomando su tiempo, a estas alturas parecía no importarle que apareciera su familia entera.  Nada la detenía, Gabi gemía suavecito de vez en cuando y ella continuó besando su cuello, sus orejas, sus hombros, sus brazos, volvía a subir y hacía de nuevo el recorrido.

«Pará nena, que no voy a controlarme mucho tiempo, mirá donde estamos, no sigás...», la intentó interrumpir Gabi, pero ella seguía.

«¿Qué pasó con tu paciencia?», dijo la chica pícaramente, mientras continuaba besándola.

«¡Necia!, no es muy fácil aguantar con vos», a Gabi se le quebraba la voz.  Se le ocurrió que si la hacía hablar, pararía de besarla.  Le daba mucho miedo que las descubrieran, ya habían pasado mucho tiempo alejadas de la fiesta y no sería extraño que alguien más llegara a ese lugar.

«¿Te puedo preguntar algo?», intentó interrumpirla Gabi.

«Ajá», dijo ella, quien continuó jugando.

«¿Qué pasó en vos cuando te diste cuenta que yo quería estar con vos?».

«Me dio miedo.  Me sentí ajena, como si no supiera quién era mi amiga, no sabía qué debía hacer o cómo actuar.  Me sentía rara.  Luego empezó a pasar una cosa super extraña, soñaba con vos, pensaba en vos muchísimo más, incluso estando con Carlos, y empecé a pensar que tal vez no sería tan malo darte un beso para ver qué pasaba.  Te veía a veces de forma diferente, lo que me dijiste me dejó pensando muchísimo.  Tiempo después, Carlos se volvió muy celoso de vos, peleábamos por todo y por nada y todo se empezó a desmoronar.  Ahí fue cuando luego de una lucha interna de preguntarme cosas, decidí concebir la idea, y ahora no me imagino dejar de besarte...», dijo la chica, que a veces paraba de hablar para besarla, o le hablaba mientras la seguía acariciando y besando.

«Me alegra haber sido capaz de hablar», dijo Gabi, mientras le acariciaba la espalda, «Nena volvamos a tu fiesta, pará porfa, pará... ¿No querés bailar?».

«Si, pero es que no me puedo despegar de vos», respondió ella.

«Primero parate, después nos arreglamos un poquito, y nos vamos».

«Noup, falta algo... », cogió la chocolatina, «¡Mirá!».

Se comieron el chocolate, se dieron besitos unos minutos más y luego de relajarse, hicieron lo que dijo Gabi.

Una noche de fiesta y un secreto - El 4


El 4

Llegaron a la fiesta y se metieron entre la gente a bailar.  Un chico apareció de repente con un coctel para Gabi y la invitó a bailar, ella aceptó.  El chico era un desconocido para Gabi, pero su amiga sabía quién era y recordó que en algún momento, él le había preguntado por su amiga y si tendría alguna oportunidad con ella.  Gabi bailó un par de canciones con él y luego volvió donde su chica.

«¿Te echaron perros?», preguntó la chica.

«Ay sí, ¡que pereza! ¿Por qué sabés?», renegó Gabi.

«Hace tiempo me preguntó por vos y si tendría chance».

«¿Ah sí? Pues es lindo, es buena gente, ¿por qué no me habías dicho?», preguntó Gabi.

Ella alzó una ceja y le dijo, «Porque no me dio la gana de ayudarte a seguir rebotando de chico en chico, sabiendo que en el fondo no querías estar con un chico».

«¡Zona delicada, zona delicada! ¡No te enojés nena, lo dije por molestarte! ¡Lo que quiero decir es gracias!», dijo Gabi sonriendo, sabiendo que había metido la pata.

«Ajá ajá...Me quiero ir», y se alejó.

Gabi se quedó bailando, incluso volvió a bailar con el chico, y dejó a la chica seguir su fiesta, aunque no le quitaba mucho la mirada, y cuando veía que ella la miraba, le sonreía, a veces hasta le guiñaba un ojo.

No tenía intenciones de perseguirla, la conocía bien y sabía que era un berrinche causado por volver a las discusiones de sus enredos con chicos, y como todo berrinche de una chica como ella, era mejor que se le pasara sola. Aunque ella no estuvo sola mucho tiempo, bailaba con varias personas, se sentaba a conversar, incluso bailó bastante con Vale, pero a Gabi parecía no importarle mucho.

Sólo cambió su actitud cuando vio entrar a Carlos, el ex novio de la chica.

«¿Y este qué diablos hace acá?», dijo en voz bajita mientras bailaba con Leo.

«¡Ah!, nada bueno puede pasar, andá llevátela, escondela en su habitación y yo les aviso cuando se haya ido», dijo Leo mientras lo miraba, «No vaya a ser que se arme otra pelotera característica de esa relación, ¡andá, andá!».

Gabi muy obediente fue donde ella, quien estaba bailando con un chico y le dijo en el oído «Vení hablemos».

«No quiero, dejame bailar con él», respondió ella de forma seca.

«Nena, Carlos acaba de llegar», volvió a susurrar Gabi.

«Bueno, me alegra que haya venido», dijo ella irónicamente.

«¿Estás hablando en serio? ¡Es Carlos!, ¿No van a pelear?», Gabi dejó de susurrar.

«Yo no quiero pelear, es más, quiero bailar con él, ¿dónde está? puede que hoy nos parchemos», volvió a usar su tono irónico.

«Yo sé por qué estás diciendo eso, vení conmigo nena porfa, no la cagués», dijo Gabi con un poco de esperanza.

«¿No la cagués? ¿Vos me creés vos?», respondió ella con mucha intensidad.

La cara de Gabi perdió toda la calma, «Hacé lo que te de la puta gana» y se fue, dejándola con el chico, quien las miraba bastante extrañado.

Gabi se fue, no para la habitación de ella, sino fuera de la casa.  Ella, por otro lado se quedó arriba, bailando con cualquiera, hasta que vio a Carlos.  En ese momento se sintió tan mal que le provocó salir corriendo donde su chica, pero no la encontraba.

Preguntó a varias personas por ella, hasta que Leo le dijo que debía estar en su habitación.  Fue a buscarla allí, pero no la encontró.  Minutos más tarde, Vale le dijo que la había visto irse.

Cuando iba saliendo a buscarla fue alcanzada por Carlos, quien le agarró un brazo y le dijo que quería hablarle.

«Ahora no Carlos, estoy buscando a Gabi», le dijo un poco agobiada.

«Qué raro vos detrás de ella».

«¿A eso viniste? Callate o andate mejor».

«¡Vos no cambiás, aceptá que te morís sin ella!».

«Si me muero o no, no es problema tuyo, dejame en paz», dijo ella con rabia, liberando su brazo.

«Vení, no te vayás, más tarde la encontrás».

«¿Para qué? ¿Para quedarme acá con vos? No gracias», y se fue dejándolo ahí.

Mientras bajaba las escalas, sintió culpa, no podía ser real esa discusión tan tonta con Gabi, la tenía que encontrar, tenía la esperanza de que no se hubiera ido, sino que estuviera por ahí cerca.

Llegó a la calle, y empezó a mirar por todos lados, pero no la veía.  Estaba muy oscuro.  Frente a su casa había un parque, donde muchas veces se sentaban a hablar, a fumar, a tomar cerveza, a cualquier cosa.  Sin importarle la oscuridad decidió ir.

Caminó un poco dentro del parque, pero no la encontraba.  Estaba empezando a desesperarse cuando la escuchó decir «¡Hey!».

«¿Dónde estás?», preguntó ella animada.

Gabi salió de la oscuridad con un porro en la mano, «Acá estoy, ¿qué hacés?».

«Buscarte.  ¿Podemos hablar?».

«¿Qué querés?».

«Pedirte disculpas por ser tan brava».

«No te disculpés por ser lo que sos, disculpate por la grosería y tal vez hablemos», dijo Gabi desilusionada.

«Uy.  ¡Estás muy brava!».

Gabi la miró sin decir nada y siguió fumando.

«¿Eso era lo que hacías, fumar acá escondida, por qué te escondés?».

«No me escondo, me quería ir, pero era peor, entonces decidí calmarme acá...», dijo Gabi, quien seguía seria.

«Disculpame por hablarte así, por explotar sin razón, por celarte, por no escucharte, por tratarte mal, por no pensar».

«No es tan fácil... Esperá, ¿Celarme? ¿Podés ser más idiota?».

«¿Estás segura que estás calmada? Esto lo podemos hablar después, podemos subir a la fiesta...».

«Yo no vuelvo, no te quiero ver hacer el ridículo con tu ex.  Si querés hablar, hablá, prefiero dejar esto listo», interrumpió Gabi.

«Me das miedo cuando hablás así Gabi... Y si, si soy idiota porque me dejo revolucionar la cabeza cuando pienso en vos y un chico, soy idiota.  No lo puedo evitar, tu comentario del chico que te echó los perros me dio rabia, sentí celos y ya».

«¡Ay no!», Gabi dijo subiendo la voz, respiró profundo, volvió a fumar y continuó luego de exhalar, «Después de todo lo que nos ha pasado para estar juntas, ¿vos me creés capaz de dañarnos? Mentira, bien claro dejaste que si me creés capaz. ¿Pero sabés qué? Entendé que lo dije para molestarte, por eso después te di las gracias, pero vos sos una niña chiquita histérica que no confía en mí, y así nena, esto no va a andar.  Si mi historial de chicos va a ser un problema para vos, estamos inventando, ¡el tuyo podría serlo también para mí! Además, ¿qué pretendías con el comentario de tu ex novio? Andá parchate con él, yo me río después cuando me cuenten que él se volvió insoportable y volvieron a pelear.  ¡Andá!, sollate la fiesta con el petardo ese», dijo Gabi exaltada.

«¿Me das un abrazo?», preguntó ella.

«¿Ah?».

«Si, abrazame...».

«¿Para qué?».

«Para derretirme por la mejor».

«Babosa».

«Lo que sea».

«Así no arreglás las cosas conmigo».

«No me importa, abrazame y seguimos hablando».

Gabi se quedó quieta mirándola, pero ella no dudó en saltarle encima y abrazarla.

«Me fascinás Gabriela, me fascinás...», le susurró apretándola entre sus brazos.

Gabi no dijo nada, pero le devolvió el abrazo.

«Perdoname por favor, mirá que nada vale la pena.  Ninguna de los dos habló en serio de los chicos, esto es absurdo, vos tenés razón con Carlos y también en que soy una chiquita que actúa sin pensar.  ¡No puede pasar esto justo hoy!», dijo ella susurrándole a Gabi y mirándola a los ojos.

«Con vos no se puede molestar, parece que no me conocieras, que desinfle», dijo Gabi mirándola.

«Que pelea tan estúpida, no te desinflés, ¡inflate! Mirá que soy yo, que ya mandé a Carlos al carajo, que bajé a buscarte, que te pedí perdón, que quiero que estemos bien, que me muero por vos.  Si la cagué no lo vuelvo a hacer, yo estoy muy segura de vos y vos tenés que estar segura de mí.  Ya aprenderé a no calentar mi cabeza con tus comentarios boludos y ya.  ¡Ya no más Gabi!», le dijo con el tono más suplicante que encontró en su interior.
Gabi aspiró humo, tomó su cara con una mano, la miró, la acercó a la suya y le introdujo el humo con un beso.

«¿Qué pasó con Carlos?», preguntó.

«Me dijo que quería hablarme, yo le dije que no porque te estaba buscando, me dijo que yo no había cambiado y que sin vos me moría, y yo le dije que no era su problema y que me dejara en paz», respondió ella.

«¿Y qué hizo?», preguntó Gabi de nuevo.

«No sé, bajé a buscarte.  No me importa tampoco... ¿Ya estamos bien?».

«Mirá, te tengo atrapada por la cintura, vos me tenés igual, te acabo de pasar humo en un beso y te estoy hablando en tono normal... Hay que evitar que algo como ese fiasco vuelva a ocurrir y ya... Esto es nuevo para las dos, pero jugamos sabiendo que nos conocemos demasiado bien y que las dos queremos esto.  Todo lo demás es extra y no nos podemos dejar llevar por los extras y las tonterías», dijo Gabi más tranquila.

Ella la besó, despacio.  Se separaron, pero Gabi la volvió a besar intensamente.

«Vení, ¿querés ir a celebrar que superamos la pelea más tonta?», preguntó ella.

«Vamos, a ver si nos encontramos a tu ex, que divertido sería romperle el ego».

«¡Vos no lo querés ni poquito! ¿Cómo le querés romper el ego, con un beso deli frente a él?».

«No no, le dará rabia sólo con vernos cogidas de la mano, abrazadas o bailando... Es un tonto y me detesta, ya verás».

Se besaron otra vez y subieron a la terraza.

Una noche de fiesta y un secreto - El 5


El 5

«Vaya  noche,  ¿qué  tal  sería  la  intensidad  de  lo  que  ha  pasado  si  estuviéramos borrachas?», preguntó ella mientras subían las escalas.

«No lo sé» contestó Gabi riendo, «¿Te querés emborrachar?», agregó.

«No mucho, luego me quedo dormida y...».

«¡Y yo te  cuido el sueño! No te preocupés, hoy disfrutá», interrumpió Gabi sonriendo.

«Por eso sos la mejor....Vamos a disfrutar la fiesta, pero no me emborracharé, no puedo hacerlo», dijo ella.

Gabi asintió con la cabeza.

Entraron a la terraza tomadas de la mano, y de inmediato fueron a pedir cocteles. Estando allí, Leo  se  acercó a preguntarles lo que había pasado con Carlos.   Ella le contó y él les dijo que el chico aún estaba en la fiesta, que seguro la buscaría más tarde, pero ella no le prestó mucha atención.  Por el contrario le dijo que él no importaba y lo invitó a sentarse y a tomar algo con ellas.

Leo lo hizo, pero pasados unos minutos, dijo «Miralo hablando con tu familia, que pereza da ese tonto, ¿qué les estará diciendo?».

Carlos y las chicas cruzaron miradas.

«Nada bueno es, estoy segura», afirmó Gabi.

«No pasa nada, ya nos enteraremos», dijo la chica muy tranquila.

Brindaron por una fiesta divertida y siguieron hablando de la gente que veían alrededor.  Ellas estaban determinadas a emparejar a Leo y, a criticar se dedicaron, con el fin de encontrar la chica más acertada.

Leo era uno de los amigos más cercanos de las dos chicas, Vale también lo era, pero en esta fiesta la veían muy ocupada bailando con distintos chicos.  La verdad es que la chica de la fiesta tenía muchísimos amigos, era muy buena gente, muy divertida y le gustaba hacer sentir bien a los que tenía alrededor, lo que hacía que la gente rápidamente la quisiera.

«¿Qué tal esa de la faldita plateada?», preguntó Gabi.

«Está buena, pero ha bailado con ese de negro toda la noche, ahí no me meto», respondió Leo.

«¿Y la que está al lado de Vale?», preguntó ella.

«Noooo, muy flaca», respondió Leo.

Gabi y ella aclararon su garganta al mismo tiempo.

«¿Y es que tenés un problema con eso?», preguntó Gabi.

«Jajaja ¿la cagué o qué? No par de tontas, no tengo problema con eso, es más, ustedes dos son muy lindas, y que bueno alguna de las dos para mí, ¡o las dos!, pero prefiero una chica más "fuertecita", ¿saben?», se defendió Leo riéndose.

«Ajá, ajá...Bueno, sigamos», dijo Gabi.

Así, entre copas, risas y búsqueda de chica para Leo, se quedaron los 3 sentados en la barra.  Un rato más tarde se les unió Vale, cansada de bailar con tanta gente y seguir sola.

«Me alegra ver que estás disfrutando», dijo Gabi a Vale, con un poco de ironía.

«Baile que baile, estoy agotada y nada de nada», respondió Vale.

«Ustedes dos se deberían juntar por esta noche», dijo la chica señalando a Vale y a Leo, con un tono burlesco.

«Vale, ¿qué decís vos?», preguntó Leo.

«Que me encantaría un revolcón sin amarras, si podés con eso, me apunto», respondió Vale.

«Me encanta lo romántica que te volviste», dijo Leo satíricamente.

«¿Vale, eso es lo que querés?, ¿Enredarte con Leo?», preguntó intrigada Gabi.

«Enredarme no Gabi, ¡RE-VOL-CAR-ME!  Y si es con Leo, me gusta la idea, ¿no han visto lo bueno que está?», aclaró con fuerza Vale.

«Si, pero es Leo... ¿sabés lo que te quiero decir?», volvió a preguntar Gabi.

«Bueno, bueno, ¡que estoy aquí sentado!», renegó Leo.

«Dejalos Gabi, ¡que se hagan rico!», dijo la chica.

«Gabi, ¡relajate! Todo está bien», Vale le dijo a Gabi y le guiñó un ojo.

«Bueno, con revolcón o no, vamos a bailar Vale», se levantó Leo y se la llevó.

«Me gustan mucho las lucecitas de colores colgando por ahí, me gusta  que no tengamos techo y podamos ver algunas estrellas, me gusta mucho la música...», dijo la chica, segundos más tarde, mirando al cielo.

«A mí me gusta todo eso, menos quien viene ahí... No bajés la mirada, ahí viene Carlos», dijo Gabi mientras giraba en su silla, dándole la espalda al ex de su chica y disponiéndose para pedir un par de cocteles más.

«Hola hermosa», dijo él, al pararse frente a su ex novia.

«Hola», respondió.

«Gabi...», se dirigió a ella.

«¿Todo bien?», Gabi giró para mirarlo y preguntó.

«Si, ¿vos?», dijo él.

«Bien, bien», respondió Gabi, dándole de nuevo la espalda.

«Nena, ¿ahora si podemos hablar?», le dijo a su ex novia.

«Dale, hablame», dijo ella.

«¿Vamos a otro lado?», replicó.

«No, hablame aquí, me da pereza irme», respondió ella secamente.

«¿Por qué sos tan dura?, ¡vamos!», insistió el chico.

Ella lo miró y negó con la cabeza.  Gabi volvió a girar y le entregó un coctel a ella.

«¡Gracias linda!», respondió, «¿Vos querés algo?», le preguntó al chico.

«Si, ya voy a pedir», se acercó a la barra en el medio de las dos y pidió una cerveza.

Mientras se la entregaban, las chicas se miraron extrañadas y se sonrieron.

Con la cerveza en la mano, Carlos retrocedió y tomó la mano de la chica, Gabi tuvo que tomar un poco de su bebida para disimular su asombro.

«Nena, vine hasta acá para decirte que te extraño un montón y que me gustaría que fuéramos amigos», dijo él por fin.

«Jajaja ¿y para eso querías que fuéramos a otro lado? que exagerado sos... ¿Sos capaz de ser mi amigo?, vos no sabés todo lo que he cambiado, es más, la nena que era tu novia casi ni se asoma en mi», afirmó ella y soltó su mano de la de él.

«Quiero  una oportunidad para demostrarte que yo también he cambiado  y que quiero estar a tu lado, quiero que compartamos nuestras vidas», afirmó Carlos con seguridad.

«¿Desde cuándo sos amigo de tus ex?», preguntó extrañada la chica.

«Quiero ensayar con vos, ya te dije que creo que vale la pena, sos una chica increíble y no quiero seguir alejado de vos», explicó él.

«Ensayar me suena a problemas y ya tuve muchos con vos», dijo ella y miró a Gabi, quien no sabía ni que cara hacer.

«No tiene por qué traer problemas... ¿Qué decís?», dijo el chico esperanzado.

«¿Vos que opinás de Gabi?», le preguntó a Carlos, al mismo tiempo que tomaba la mano de su amiga.

Gabi la miró abriendo mucho los ojos.

«¿Qué tiene que ver Gabi?», él preguntó extrañado.

«¡Mucho! Ella y yo pasamos mucho tiempo juntas, ¿vos te parcharías con nosotras?», ella le preguntó, mientras jugaba con la mano de Gabi, sabiendo que lo sacaría de quicio, porque Carlos y Gabi prácticamente se odiaban.

«¿Y por qué siempre tenés que andar con ella?», Carlos preguntó.
«No sólo es ella...Leo, Jose, Vale, Ro... ¿Qué opinás de ellos también?», indagó.

«No tengo problema con ninguno de tus amigos, ni con ella», dijo señalando a Gabi.

«Bueno, si querés ser nuestro amigo, sentate, disfrutá la fiesta», le dijo ella.  Gabi la miró extrañada y ella le sonrió con picardía.

Él se sentó junto a ella, en silencio.

«¿Será que Vale y Leo...?», cambió de tema Gabi.

«Sería muy gracioso, hasta bueno para él», respondió ella y preguntó a su "nuevo amigo",   «Carlos mirá, ¿Leo y Vale te parecen buena pareja?», señalándolos con su copa.

«Ella está buena, él que aproveche», respondió el chico.

Gabi le dijo que quería bailar, ella le preguntó a Carlos si se unía, pero él dijo que quería terminar su cerveza.  Las chicas se fueron a bailar.

«A todas estas... ¿dónde está Ro?», preguntó Gabi mientras se la llevaba hacia donde bailaba la  gente, aún sin soltarle la mano. 
Bien sabía que el ex novio las estaba mirando, y su discurso de amistad no la había convencido.

«No ha venido, ¿verdad? Maldita si no llega...», respondió, «¿Qué creés de lo que dijo Carlos?», luego preguntó.

«Es mentira bonita, yo a ese idiota no le creo nada.  Se muere de rabia que vos y yo estemos tan juntas, vas a ver que no le dura lo buena gente y empiezan los problemas», afirmó Gabi.

«Bueno, ya veremos... ¿Bailamos y nos volamos a fumar?», dijo ella.

«Claro princesa...», Gabi la miró y le dijo sonriendo.

«Me encantás cuando me decís así», dijo ella con una sonrisa enorme.

«Lo sé», Gabi le guiñó un ojo.

Bailaron un par de canciones juntas, luego bailaron con chicos, se rieron, se divirtieron bastante.  Carlos se acercó a ella, le dijo que bailaran, y ella aceptó.  Gabi siguió bailando cerca,  junto  a Vale, Leo y Jose, que querían saber lo que estaba ocurriendo con su amiga y el ex.  Gabi les contó lo sucedido, pero ninguno creyó en sus intenciones.  Luego les preguntó por Ro y como ninguno sabía, Jose le dijo que fuera a llamarla.

«Ro vive en las nubes Gabi, llamala que tiene que venir, que si quiere  vamos a recogerla».

Después de un par de canciones, la chica dejó de bailar con Carlos y se acercaron donde los demás.  Gabi la apartó y le dijo que iría a su habitación, pero que en un momento regresaría.

«Cuando vuelva nos volamos, ¿te parece?», preguntó Gabi.

«¡Pero si vas a mi habitación! Ahí podemos hacer lo que queramos», respondió.

«¿Y vas a dejar a tu nuevo amigo con esta jauría?», preguntó sonriendo.

«¡A mí que me importa este, que le den!», respondió riéndose.

«Pero es que no quiero que veás lo que voy a hacer, es una sorpresa».

«¿Sorpresa?, ¿otra?, ¡estás loca Gabi!», dijo alegremente.

«Hagamos algo, en 3 minutos andá a tu habitación...», le dijo Gabi al oído.

«Ok...», dijo ella intrigada.

Gabi se fue, mientras ella preguntaba a sus amigos por la nueva sorpresa.

«No preguntés tanto, relajate», dijo Vale, abrazándola.

Siguieron bailando todos, hasta que ella dijo, «Chicos, vuelvo en un rato», después de aguantar mucho.

«¿No te podés separar de ella?», preguntó Vale extrañada.

«Me  voy  a  fumar  Vale,  ¿qué  es  esa  pregunta?»,  dijo  ella  riéndose,  y  se  fue,  no directamente  hacia su habitación, sino dando vueltas por el lugar, intentando que no la descubrieran.

«¡Negra! ¿Dónde estás? decime que ya estás llegando a la fiesta», le preguntó Gabi a Ro, cuando esta contestó su móvil.

«¡Que pelotuda soy, la fiesta!», dijo Ro.

«¿Venís o que te recoja Jose?».

«No, fresca.  Ya salgo para allá.  ¿La nena está enojada?».

«No, pero si no venís rápido lo estará».

«Entretenela, yo cojo un taxi y estoy allá lo más rápido que pueda... Sólo me falta vestirme y librarme de un asuntico aquí», dijo Ro riéndose.

«Chao, y ¡corré loquita!», Gabi colgó.

Cuando terminó la llamada se sentó en la cama y unos minutos más tarde entró su chica.

«Wow, ¿ya te dije lo sexy que te ves en ese vestido rojo?», preguntó Gabi cuando la vio abrir la puerta.

«No, ¿te parezco sexy?», dijo ella, cerrando la puerta con seguro.

«Uffff, ni te imaginás», respondió Gabi.

Ella se acercó a la cama, se quedó de pié en el borde y Gabi se sentó frente a ella.

«Sos hermosa…la mina más linda del mundo».

Ella sonrió, «Exagerada».

«Dejame creer lo que yo quiera», dijo Gabi y la abrazó por la cintura, «Me gusta mucho tu olor».

«A fiesta huelo», dijo ella renegando.

«No, a vos», la dejó de abrazar, pero con sus manos la tomó de la cintura y le dio un besito sobre el ombligo.  Sintió que a su chica le gustó y dándole besitos sobre el cuerpo, se puso de pie, quedando frente a ella.

«¿Cuál era la sorpresa?», preguntó la chica en tono mimado.

«Hoy me vas a tener que recibir en tu casa», dijo Gabi, sin tener idea que decir.

«Ujuuuu!!», celebró ella, «¡Que buena sorpresa!».

«¿Dónde querés dormir?».

«En el cuarto de invitados me parece bien», dijo Gabi.

La cara de desilusión de su chica le provocó una sonrisa y la besó.

«Jajajaja, no nena, duermo donde vos querás», le susurró al oído.

Ella la miró, sonrió, le tomó la cara con ambas manos y comenzó a besarla.

«¡¡¡No entiendo por qué no se van ya!!!», dijo y la siguió besando.

Sus respiraciones empezaron a acelerarse, al igual que la intensidad de sus besos.  Sus lenguas se buscaban desesperadamente, sus labios se chocaban bruscamente, a veces hasta se encontraban afanosamente sus dientes.

Ella empujó a Gabi contra la cama, recostándola, se dejó arrastrar y cayó encima de ella, y siguieron besándose.  Sentían como sus cuerpos se iban encendiendo con el roce, sus manos dejaron de quedarse quietas y empezaron a recorrerse.
Gabi la tomó de las manos y le dijo que Ro estaba por llegar.
«Negra atravesada, ¿para qué viene tan tarde?», preguntó desilusionada.

«Quiere estar con vos, y vos también querés estar con ella», dijo Gabi, besándola otra vez.

«No, yo quiero quedarme acá con vos», respondió ella, soltando sus manos y acariciando la cara de Gabi.

«Quedémonos, pero sabés que cuando llegue va a hacer escándalo y tendremos que salir», dijo Gabi, la miró y la besó.

«Hay que volver a bajarle al voltaje», dijo ella, de nuevo desilusionada.

«Si, pero no tenemos que irnos, ni dejar de besarnos, ni tenés que bajarte de mí, sólo no empecemos lo que no podemos acabar».

«Mirá, es que controlarse con vos es muy difícil, estamos estrenando, das los besos más deliciosos...», intentó hablar pero Gabi la calló con un beso, uno muy lento.

«¿Te imaginás la cara de alguien que entre y nos vea en esta posición?», preguntó Gabi.

«Podríamos estar haciendo una peor, o mejor...», replicó la chica de rojo.

«Que rico, ¿qué hora es?».

«1:50, de verdad, ¡que se vayan ya!», alegó la chica.

«Ya casi...Ro llegará pronto, ligará con  algún  amigo tuyo y no  le importará irse rápido», dijo Gabi muy segura.

«Tenés razón».

Las dos confiaban en la increíble capacidad de atraer chicos de Ro.

Se quedaron acostadas mirándose, y se siguieron besando, pero obedeciendo a la intención de disminuir el voltaje.  Minutos más tarde, la chica sacó un par de cigarros de un cajón, y acostadas una sobre la otra, fumaron.