domingo, 6 de septiembre de 2009

Luna, frontera entre el cielo y la mar

Lo único que puede identificar la frontera entre el cielo y la mar en una noche como esta es ella, la Luna, tan iluminada, tan grande, con tanto poder. Muestra el límite, pero no nunca crea separación.
La mar y yo, yo y la mar, sin importar lo que digan, sin importar como caigan los dados, así tenía que ser, es y será. La necesito, a mi lado, con tanta energía que se lleva en sus olas rompientes lo que está mal y sucio en una vida llena de cosas que no puedo explicar.
No puedo enamorarme, a nadie puedo entregar mi corazón pues ya lo tiene la mar! En mi cuerpo no está, puedo pasar horas mirándola y no ver a nadie más, es como un hechizo, estoy loca por la mar gracias al cielo, dejarla me rompería el espíritu!
Marinera, siguiendo las estrellas que me indican a dónde llegaré cuando este viaje termine, lo habré logrado pues seguiré navegando junto a ella!
Triunfaremos, deslizándome en su piel, recorriendo sus caminos invisibles y sin fronteras, con plena libertad, sin necesidad de permisos, la mar y yo, yo y la mar, con la Luna y el Sol como testigos, esto es grande!
Sus mareas, mis tormentas y las suyas, provocándonos, dándonos sentimientos puros y limpios, nada más sagrado que un amor puro y sin ataduras, porque entre la mar y yo no hay obligaciones, nace del corazón, desde donde se sienten las mariposas y vuelan los sueños.

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