domingo, 11 de mayo de 2008

El Carbiélago y el Mar

El Carbiélago viaja en un mar que tiene más colores que la paleta de un pintor que decidió plasmar en el cielo la imagen de la perfección.

El mar es tranquilo y agitado, es calmado cuando los tripulantes del barco lo enamoran y se pone furioso cuando siente que lo pueden contaminar.

El Carbiélago guardó el ancla, va avanzando sin prisa, sin camino definido y con el cielo a favor, sueña y vive con amor, amor al mar que lo sostiene y lo guía por unas aguas que desconoce, pero que lo atraen y lo incitan a recorrer la felicidad.

En cualquier momento el mar puede hacer que el Carbiélago alce sus alas y vuelva al cielo, a viajar entre las estrellas buscando destinos diferentes, pero por ahora este barco especial se gasta los días en pause, mientras llega a un puerto y vuelve a despertar cuando el mar lo toca y se lo lleva en sus brazos a donde nadie ha ido.

El Carbiélago y el mar tienen una relación simbiótica llena de alegría, aunque a veces quien comanda el barco se equivoca y se enfrentan a una furia que más que darles miedo les duele, porque cuando el barco parte a la mar todos se ponen contentos, pero cuando el mar no quiere que viajen, los deja en puerto tan aburridos que pierden hasta el sueño.

A veces en las noches se observa al capitán y a la tripulación del Carbiélago gritando con todas sus fuerzas al mar para que los abrace y se los lleve lejos, pero ese mar parece hacerse el loco o no alcanza a escucharlos, y el Carbiélago queda abandonado en su mundo de sueños y viajes sin destino final, lo más divertido es que ninguno tiene ganas de irse a viajar fuera del mar, es uno de los lugares más increíbles para estar y hasta que el mar no de la orden, el Carbiélago no zarpará en busca de otro destino.

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